Primero Canarias nació de una ruptura de Nueva Canarias. Esa procedencia obliga a sus promotores a explicar qué ha cambiado: el proyecto, las convicciones, los socios o, simplemente, las expectativas de poder. El respaldo ciudadano a esa nueva propuesta tendrá que medirse en las urnas; no basta con exhibir los cargos y la implantación de la etapa anterior
Antes de presentar a Teodoro Sosa como futuro presidente de Canarias, sus promotores deberían explicar qué proyecto ofrece y qué garantiza que su alianza con CC sobreviva al reparto de escaños.
A Teodoro Sosa algunos ya le han preparado el viaje completo: salida de Gáldar, escala en el Congreso de los Diputados y destino final en la Presidencia de Canarias. Todo perfectamente organizado. Falta un pequeño detalle, una de esas molestias que la democracia introduce en los planes de los dirigentes y sus entusiastas: que voten los ciudadanos.
El relato que presenta su posible salto a Madrid como una oportunidad providencial merece una respuesta sencilla: una candidatura no es un escaño, un escaño no es un grupo parlamentario y ninguno de los dos constituye una escritura de propiedad sobre el futuro de Canarias.
La aproximación entre Primero Canarias y Coalición Canaria tiene una base real. Los municipalistas han anunciado su apuesta por una candidatura conjunta, aunque la información publicada este 7 de octubre todavía situaba la elección del candidato dentro de una negociación pendiente. Mientras algunos ya dibujan la llegada de Sosa a la Presidencia autonómica en 2031, ni siquiera estaban cerrados todos los detalles del primer peldaño.
Eso tiene más de coronación anticipada que de análisis electoral.
Conviene detenerse en la ambición del grupo propio en Madrid, presente en el horizonte político de Primero Canarias. El Reglamento del Congreso exige un mínimo de cinco diputados en la vía alternativa a los quince, además de requisitos electorales. Con uno o dos diputados no se constituye, por sí solo, un grupo parlamentario propio. Quien plantee ese objetivo debe explicar con qué resultados y apoyos pretende alcanzarlo. La aritmética también forma parte de la política.
La otra gran confusión consiste en tratar los votos municipales como si fueran equipaje personal del alcalde. Se da por hecho que basta con reunir dirigentes, sumar sus resultados anteriores y cambiar el rótulo de la candidatura para tener garantizada un acta. Pero los electores no son una mercancía que se transporta de unas siglas a otras.
Los votos no caben en la mochila de ningún dirigente.
Primero Canarias nació de una ruptura de Nueva Canarias. Esa procedencia obliga a sus promotores a explicar qué ha cambiado: el proyecto, las convicciones, los socios o, simplemente, las expectativas de poder. El respaldo ciudadano a esa nueva propuesta tendrá que medirse en las urnas; no basta con exhibir los cargos y la implantación de la etapa anterior.
Un ciudadano puede valorar la gestión de su alcalde y rechazar su alianza para unas generales. Puede votar una candidatura municipal y elegir otra para el Congreso. Puede considerar que quien administra bien su municipio todavía no le ha explicado qué pretende defender en Madrid. Esa libertad existe, aunque estropee las cuentas de quienes confunden cercanía vecinal con obediencia electoral.
Y hay otra pregunta que Sosa y Coalición Canaria deberían responder antes de pedir un solo voto: ¿juntos para conseguir el acta y separados para votar?
¿Compartirán las decisiones sobre investiduras y presupuestos? ¿Cada formación conservará libertad para negociar por su cuenta? ¿Qué sucederá cuando CC defienda una posición y Primero Canarias prefiera la contraria?
El precedente existe. Coalición Canaria y Nueva Canarias concurrieron juntas a las elecciones de noviembre de 2019. Sin embargo, en la investidura de Pedro Sánchez de enero de 2020, Pedro Quevedo votó a favor y Ana Oramas en contra. Hay que contar el episodio completo: Oramas también se apartó de la abstención que había decidido su propio partido. Aquella división no puede atribuirse exclusivamente a Quevedo, pero demuestra que compartir candidatura no garantiza compartir voto.
Nada permite afirmar que Teodoro Sosa vaya a repetir aquella experiencia. Pero tampoco basta una fotografía conjunta para asegurar que no sucederá. La pregunta es pertinente precisamente porque se está vendiendo una promesa de unidad y de mayor influencia en Madrid.
Los ciudadanos tienen derecho a conocer el acuerdo completo: qué asuntos comprometerán a ambos partidos, cómo resolverán las discrepancias y qué ocurrirá cuando sus intereses políticos diverjan. Si habrá libertad de voto, que lo expliquen antes de las elecciones. Si prometen unidad, que concreten sus condiciones.
Porque antes de presentar a Teodoro como el gran interlocutor de Canarias, habrá que saber en nombre de quién hablará: de la candidatura compartida, de Primero Canarias o de su propia estrategia política. La unidad debe demostrarse cuando toca decidir, no solamente cuando toca sumar votos para conseguir un escaño.
También resulta revelador el argumento empresarial. Se presenta su llegada al Congreso como una oportunidad para convertirse en interlocutor de quienes necesitan influencia en la capital. Escuchar al empresariado es legítimo y necesario. Pero un diputado representa también a quienes no tienen despacho, contactos ni capacidad para hacerse escuchar.
Antes de hablar de cuánto prestigio ganará Teodoro Sosa, habría que preguntar cuánto ganarán los canarios. Qué compromisos asumirá sobre vivienda, salarios, transporte, servicios públicos o financiación. Qué exigirá a un Gobierno y qué estará dispuesto a rechazar. El interés general no puede quedar reducido al decorado de una carrera personal.
Y después está el entusiasmo mediático. El texto que motiva estas líneas contempla Madrid como trampolín y una futura disputa por la Presidencia de Canarias como horizonte. Cada cual puede defender al candidato que quiera. Pero presentar una sucesión de hipótesis favorables como si describiera un destino inevitable es construir una imagen de poder antes de que exista el respaldo electoral.
A Sosa no hay que negarle experiencia ni derecho a aspirar a otras responsabilidades. Precisamente por esa experiencia debe responder a preguntas exigentes. ¿Por qué esta alianza? ¿Con qué programa? ¿Qué compromisos adquiere con quienes lo apoyaron bajo otras siglas? ¿Cómo piensa convertir una promesa de influencia en resultados comprobables?
El problema no es que Teodoro aspire a más. El problema aparece cuando sus defensores empiezan a presentar Canarias como una escalera puesta a su disposición.
Baje al suelo, rey Teo. Primero explique el proyecto, después pida el voto y, si lo consigue, rinda cuentas. La corona que algunos le están preparando no figura en ninguna papeleta.
JUAN SANTANA HERNANDEZ, Periodista y Locutor







