Suárez no recurrió a los rodeos. Aprovechó su intervención para reprochar directamente al alcalde las manifestaciones realizadas sobre las motivaciones económicas de los concejales que habían abandonado el Pleno ordinario. «Las palabras que usted realizó en el pleno anterior son unas palabras totalmente miserables», afirmó con contundencia. El exalcalde defendió que su presencia en la Corporación municipal responde a una vocación de servicio público y no al interés por percibir compensaciones económicas

El alcalde de Telde, Juan Antonio Peña, encontró este jueves 29 de octubre una respuesta que probablemente no esperaba. El exalcalde y concejal no adscrito Héctor Suárez protagonizó una durísima intervención durante el Pleno extraordinario convocado para el sorteo de las mesas electorales, en la que desmontó políticamente los reproches del regidor sobre las dietas que perciben los representantes de la oposición y le recordó algunas circunstancias de su propio pasado como concejal.

El enfrentamiento tiene su origen en la polémica decisión de Peña de adelantar el Pleno ordinario de octubre, inicialmente previsto para el viernes 30, al jueves 29, para acomodar la agenda institucional relacionada con la visita del presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo.

Una modificación que, según lo denunciado previamente por ONDA GUANCHE, se produjo después de que la Junta de Portavoces hubiera acordado la celebración de la sesión para el viernes, provocando el rechazo de los concejales Héctor Suárez y Pilar Mesa, que abandonaron el salón de plenos como protesta por lo que consideraban una falta de respeto institucional.

Lejos de asumir el fondo de aquella protesta, Peña trasladó la controversia al terreno económico, poniendo el foco en las dietas que perciben los concejales por asistir a las sesiones plenarias. Y fue precisamente ahí donde Héctor Suárez encontró el argumento con el que dejó al alcalde frente a sus propias contradicciones.

«Sus palabras son totalmente miserables»

Suárez no recurrió a los rodeos. Aprovechó su intervención para reprochar directamente al alcalde las manifestaciones realizadas sobre las motivaciones económicas de los concejales que habían abandonado el Pleno ordinario. «Las palabras que usted realizó en el pleno anterior son unas palabras totalmente miserables», afirmó con contundencia. El exalcalde defendió que su presencia en la Corporación municipal responde a una vocación de servicio público y no al interés por percibir compensaciones económicas.

«Yo no vengo aquí a hacer caja, yo vengo aquí por vocación de servicio, para defender los intereses», manifestó, antes de lanzar uno de los reproches más duros de su intervención. «Usted a lo mejor sigue aquí por hacer caja, porque no se olvide que la institución paga por usted más de 100.000 euros al año. A lo mejor usted viene por hacer caja, pero yo no».

Una afirmación que trasladó el debate desde las dietas de los concejales de la oposición hasta el coste que, según Suárez, representa el propio alcalde para las arcas municipales. El concejal aclaró posteriormente que no estaba hablando de un salario personal de 100.000 euros, sino del coste laboral total que atribuye al puesto del regidor, incluyendo las aportaciones municipales a la Seguridad Social.

«Yo no dije que usted cobra 100.000 euros. Yo dije que la institución le cuesta a usted 100.000 euros y es más de 100.000 euros», precisó, invitando al alcalde y a la responsable municipal de Personal a comprobar las cantidades. La cifra fue defendida por Suárez durante el debate, aunque su importe exacto requeriría contrastar el conjunto de los costes laborales municipales correspondientes al alcalde.

La pregunta que dejó a Peña ante su propio pasado: ¿devolvía las dietas cuando estaba en la oposición?

Uno de los momentos políticamente más incisivos de la intervención llegó cuando Héctor Suárez recordó al alcalde que él también había ocupado los bancos de la oposición durante años. Y que, en aquella etapa, también participó en sesiones plenarias extraordinarias de muy corta duración. Suárez planteó entonces una pregunta que iba directamente al centro de la polémica:

«¿Usted cree que cuando estaba en la oposición y tenía plenos de estas características, que ha asistido a muchos, renunció a la dieta por estar aquí un minuto? Creo que no lo hizo».

El exalcalde insistió en que Peña había participado en plenos destinados al sorteo de mesas electorales y que, según su recuerdo, también percibió las dietas correspondientes.

«Usted hubo muchos plenos que no dijo nada. Usted hubo plenos que estuvo un minuto, como el de hoy, de sorteo de esto», le recordó. Y añadió que nunca lo vio anunciar que devolvería la compensación económica porque la sesión hubiera durado apenas unos minutos.

El razonamiento de Suárez evidenció la contradicción política que atribuye al alcalde: cuestionar ahora unas compensaciones por asistencia a plenos que él mismo habría percibido cuando ejercía como concejal de la oposición. La duración de una sesión, vino a defender el exalcalde, no puede utilizarse para desacreditar las motivaciones de los representantes públicos ni para insinuar que su actividad institucional responde exclusivamente al cobro de dietas.

«No somos súbditos de Juan Antonio Peña»

Pero la intervención de Suárez fue mucho más allá de una discusión económica. El concejal situó el enfrentamiento en el terreno del respeto institucional y de los derechos de la oposición, cuestionando una forma de ejercer la Alcaldía que, a su juicio, pretende imponer sus decisiones por encima de los demás representantes municipales.

«Yo vengo por defender los derechos, porque aquí nos traten a todos iguales y porque no nos traten como súbditos, sino como iguales», proclamó. Suárez también advirtió contra lo que considera una concepción personalista del poder municipal.

«Lo que no puede ser es que usted crea que va a haber una democracia antes de Juan Antonio Peña, que es la que nosotros defendemos, y una después». Unas palabras que conectan directamente con las informaciones publicadas por ONDA GUANCHE sobre la modificación del calendario plenario y el uso de la agenda institucional del alcalde.

Telde no puede funcionar como si sus órganos de representación estuvieran subordinados a las conveniencias personales o políticas de quien ocupa circunstancialmente la Alcaldía.

La protesta de Suárez y Mesa no se centraba en el contenido de los asuntos sometidos a debate, sino en la forma de alterar una convocatoria cuya fecha, según denunciaron, había sido previamente acordada. Y ese es precisamente el fondo de la controversia que los reproches sobre las dietas no consiguen resolver.

Peña intenta defenderse, pero Suárez insiste en la contradicción

Durante el intercambio, Juan Antonio Peña rechazó haber afirmado expresamente que los concejales acudieran al Pleno únicamente para cobrar. El alcalde sostuvo que se había limitado a explicar a la ciudadanía el coste económico de una sesión en la que dos representantes habían intervenido brevemente antes de abandonar el salón. También defendió que, durante sus ocho años en la oposición, nunca había actuado de aquella manera.

«Yo nunca me levanté del pleno y me marché», argumentó Peña, marcando una diferencia entre su comportamiento pasado y la protesta protagonizada por Suárez y Mesa. El alcalde reivindicó su derecho a expresar una opinión sobre lo sucedido y negó que sus manifestaciones constituyeran un ataque personal.

Sin embargo, Héctor Suárez volvió a tomar la palabra para insistir en que el problema no era que Peña explicara cuánto costaba una sesión plenaria, sino que, según su interpretación, hubiera vinculado la protesta de los concejales con el interés por cobrar una dieta.

«Usted terminó la intervención, y lo verá cuando tenga la oportunidad, que dijo que nosotros veníamos aquí para hablar exclusivamente para cobrar esa dieta». Y respondió de manera tajante:

«Eso es falso. Nosotros vinimos aquí a intentar defender los derechos de los que vienen después».

Suárez insistió en que nunca había utilizado las retribuciones de los miembros del Gobierno municipal como argumento para cuestionar sus motivaciones políticas. «Yo nunca he mezclado su parte económica, lo que cobra, lo que deja de cobrar, lo que cobran sus concejales», recordó. Por ello, consideró especialmente inapropiado que el alcalde recurriera a ese terreno para desacreditar una decisión de protesta política.

El verdadero debate que Peña no consigue cerrar

El enfrentamiento deja una cuestión de fondo que va mucho más allá de las dietas. ¿Puede un alcalde modificar una convocatoria plenaria previamente acordada y después reprochar a quienes protestan que cobren por asistir a la sesión?

Héctor Suárez sostiene que no se trata de dinero, sino de respeto a las reglas democráticas y a la dignidad institucional de quienes representan a los ciudadanos desde la oposición. Su argumentación resulta especialmente incómoda para Peña porque le recuerda que las garantías que hoy reclama la oposición son las mismas que él disfrutó durante los años en los que no gobernaba.

Y porque obliga a distinguir dos cuestiones que el alcalde ha mezclado en su reproche: el derecho de un concejal a percibir las compensaciones que legalmente le correspondan y su libertad para manifestar una protesta política. Se puede discrepar de la decisión de abandonar un Pleno. Incluso se puede cuestionar políticamente su oportunidad. Pero atribuir a quienes protestan una motivación económica exige algo más que una referencia a las dietas. El alcalde tiene derecho a defender su gestión y a criticar las actuaciones de la oposición. Lo que no puede pretender es que sus argumentos queden al margen de la misma exigencia de coherencia que reclama a los demás.

Una lección de memoria política en el salón de plenos

El episodio terminó con la continuación del orden del día y la aprobación por unanimidad de la ratificación de la urgencia del Pleno extraordinario. Sin embargo, el intercambio dejó una de las intervenciones más contundentes de Héctor Suárez frente al actual alcalde.

El exregidor aprovechó la polémica para defender el derecho de la oposición a fiscalizar, discrepar y protestar, y para recordarle a Peña que las responsabilidades institucionales no comienzan ni terminan con su llegada a la Alcaldía. La réplica de Suárez tuvo especial fuerza al enfrentar al alcalde con su propio pasado político, cuestionar el recurso a las dietas como argumento de descalificación y devolver el debate a su origen: el respeto a los acuerdos institucionales.

Porque, por encima de los 320 euros de una dieta o de los más de 100.000 euros de coste anual que Suárez atribuye al alcalde, hay algo que no debería tener precio en una institución democrática: el respeto a sus representantes y a las reglas que garantizan su funcionamiento. Y en ese terreno, la intervención de Héctor Suárez dejó a Juan Antonio Peña con una contradicción política difícil de explicar.