A diez meses de las elecciones, cuesta no reparar en la creciente presencia del vicepresidente del Cabildo por los municipios de Gran Canaria, apareciendo allí donde existe una obra, una inversión, una restauración o cualquier actuación susceptible de convertirse en fotografía institucional
El pasado viernes, la iglesia de Lomo Magullo acogió la presentación del trono, las dos coronas y la media luna restauradas de Nuestra Señora de Las Nieves, Alcaldesa Mayor y Perpetua de Telde. Una actuación importante, necesaria y digna de reconocimiento por cuanto supone preservar una parte fundamental del patrimonio religioso, histórico y cultural de las medianías de Telde.
La intervención permitió recuperar el esplendor de unas piezas profundamente vinculadas a la historia y a la devoción de Lomo Magullo. El templete fue desmontado íntegramente para acometer una restauración especializada, mientras que las dos coronas y la media luna recibieron igualmente un cuidadoso tratamiento.
Hasta aquí, la noticia debería ser sencilla: Lomo Magullo recupera una parte importantísima de su patrimonio.
Pero apareció la política.
A la presentación acudieron el vicepresidente y consejero de Presidencia del Cabildo de Gran Canaria, Teodoro Sosa; el alcalde de Telde, Juan Antonio Peña; y el concejal de Cultura, Juan Martel.
Y nuevamente un espacio religioso terminó sirviendo de escenario para ensalzar la actuación de responsables públicos, con agradecimientos especiales a Teodoro Sosa por su colaboración para hacer posible la restauración.
A diez meses de las elecciones, cuesta no reparar en la creciente presencia del vicepresidente del Cabildo por los municipios de Gran Canaria, apareciendo allí donde existe una obra, una inversión, una restauración o cualquier actuación susceptible de convertirse en fotografía institucional.
Porque una cosa es representar institucionalmente al Cabildo y otra convertir cada euro invertido por una administración pública en una oportunidad para vender gestión y acumular protagonismo político.
Teodoro Sosa no restauró el trono de su bolsillo.
Los recursos públicos no pertenecen al vicepresidente del Cabildo, ni al alcalde, ni al concejal de turno. Son recursos de los ciudadanos. Los responsables políticos los administran temporalmente y tienen la obligación de hacerlo correctamente.
Por eso chirría especialmente que una actuación sufragada con dinero público termine envuelta en agradecimientos políticos dentro de una iglesia, mientras el responsable institucional ocupa una posición protagonista ante los asistentes.
La Iglesia no debería convertirse en una prolongación de la campaña electoral ni sus altares en atriles desde los que exhibir la gestión institucional.
Y menos cuando las elecciones comienzan a aparecer en el horizonte.
Telde ya ha vivido recientemente episodios donde la frontera entre religión y política parece haberse vuelto demasiado fina. Lo ocurrido en Lomo Magullo vuelve a alimentar una pregunta que merece ser planteada: ¿es necesario que los políticos ocupen este protagonismo dentro de los templos cada vez que una administración financia una actuación?
La restauración del patrimonio de Nuestra Señora de Las Nieves merece todos los elogios. También quienes técnicamente trabajaron para recuperar estas piezas y, sobre todo, una comunidad que durante generaciones ha cuidado y venerado este patrimonio.
Lo que resulta bastante más discutible es aprovechar el acontecimiento para colocar nuevamente al político en el centro de la fotografía.
Porque administrar dinero público no convierte a nadie en benefactor.
Teodoro Sosa está en su derecho de recorrer Gran Canaria explicando su gestión. Para eso existen plazas, ruedas de prensa, salones institucionales, medios de comunicación y actos políticos.
Pero quizá convendría dejar los altares para lo que son.
A diez meses de las urnas, la sucesión de apariciones comienza a tener un inconfundible aroma preelectoral.
A este paso en Telde el altar terminará incorporando un atril de campaña.







