La presencia de chiringuitos, vallas, materiales de obra, desniveles y pasos estrechos plantea serios interrogantes ante la llegada de miles de personas

Las fiestas de Melenara han comenzado este año rodeadas de polémica. Si la presentación del programa ya permitía intuir el tono que podían adquirir las celebraciones, lo vivido anoche durante el acto de lectura del pregón terminó convirtiendo la apertura festiva en una escena difícil de comprender y muy alejada del nivel que merece Melenara.

Según puede apreciarse en el vídeo realizado por Ramón Pérez Cabrera, uno de los pocos momentos que consiguió devolver el protagonismo al pueblo fue la intervención de la pregonera, Lala Torres, quien desgranó con cercanía sus vivencias y recuerdos como vecina de Melenara.

A partir de ahí, el acto entró en una dinámica que rozó el surrealismo, la presidenta del Patronato de Fiestas El Chinchorro, hizo balance de los 21 años que lleva vinculada a la organización de las fiestas, llegando a reconocer públicamente que este había sido el peor año de todos, como si alguien la obligara a estar ahí.

Durante su intervención dedicó además una sentida arenga a una asesora de Ciuca, que incluso subió al escenario, olvidándo que ese no es su papel y desplazando al concejal de Festejos que es el cargo público

Pero más allá del cutrerío del desarrollo del acto, la mayor preocupación está en las condiciones en las que se están desarrollando las fiestas y, especialmente, en la seguridad de las miles de personas que previsiblemente acudirán estos días a Melenara.

Especialmente llamativo resulta un chiringuito de grandes dimensiones colocado junto a la zona de pérgolas que, unido a las vallas existentes, genera un estrechamiento considerable del espacio de paso, hasta el punto de dificultar el tránsito simultáneo de personas.En una celebración multitudinaria, cualquier punto susceptible de convertirse en un embudo debería ser revisado técnicamente antes de permitir la concentración de público.

El Ayuntamiento de Telde debería aclarar públicamente qué instalaciones cuentan con autorización, qué administración las ha autorizado y qué controles técnicos y de seguridad se han realizado antes del comienzo de las fiestas, ya que la situación de los accesos tampoco contribuye precisamente a ofrecer tranquilidad.

El resultado es una estampa que recuerda por momentos a una película de Berlanga: fiestas, chiringuitos, obras, vallas, estrechamientos y protagonismos personales compartiendo el mismo escenario.

Lo ocurrido este año vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que el Ayuntamiento de Telde debería afrontar seriamente: si unas fiestas de la dimensión alcanzada por Melenara pueden continuar dependiendo fundamentalmente de la gestión de un patronato vecinal.

La voluntad y dedicación de quienes durante años han trabajado en las fiestas merece respeto, pero la buena voluntad no puede sustituir a los criterios técnicos, profesionales y de seguridad que exige actualmente cualquier celebración capaz de congregar a miles de personas.

Seguridad, planes de evacuación, accesibilidad, ocupación del espacio público, autorizaciones de Costas, instalaciones, emergencias, movilidad y coordinación policial requieren una planificación profesional.

Por ello, ha llegado el momento de que el Ayuntamiento de Telde estudie asumir directamente la organización de las fiestas de Melenara, dejando al movimiento vecinal y al patronato el importante papel de colaborar, aportar tradición y participar en su programación, pero situando la responsabilidad organizativa y técnica en manos municipales.

Melenara no necesita más protagonismos particulares. Necesita unas fiestas organizadas pensando fundamentalmente en los vecinos, los visitantes y su seguridad.

Las fiestas de Melenara no pueden continuar gestionándose únicamente desde el voluntarismo. Y lo visto este año debería servir de advertencia antes de que una improvisación termine convirtiéndose en un problema mucho más serio.