¿Dónde están ahora las editoriales incendiarias? ¿por qué no publican con la misma contundencia las rectificaciones? el relato contra Aquanaria se desmorona mientras el emisario de silva 222 sigue en el centro de las investigaciones. onda guanche reivindica el periodismo de pruebas frente al juicio mediático

Hay silencios que dicen mucho más que mil titulares. Y el silencio de quienes durante meses alimentaron una auténtica ofensiva mediática contra Aquanaria empieza a resultar tan escandaloso como las acusaciones que contribuyeron a difundir. Se acabó el espectáculo. Se acabaron los titulares incendiarios. Llegó la hora de las rectificaciones y, con ellas, la gran prueba de fuego para quienes confundieron el periodismo con un tribunal popular.

Durante meses, una conocida web local de Telde financiada con dinero público a través de Gestel convirtió la crisis medioambiental de la costa en un interminable escaparate de acusaciones, sospechas y declaraciones contra la empresa acuícola. Sus páginas dieron amplia difusión a quienes señalaban a Aquanaria como responsable de los problemas del litoral, mientras los informes y argumentos técnicos que apuntaban hacia el emisario submarino de Silva 222 eran cuestionados.

Basta recordar algunos de sus titulares. En febrero de 2026 presentó un informe de Aquanaria como un documento «interesado» destinado a «reventar» una protesta contra las jaulas marinas. Días después publicó otra información que hablaba del supuesto relato alarmista de la compañía.

¿Y AHORA QUÉ? ¿DÓNDE ESTÁN LAS EDITORIALES? ¿DÓNDE ESTÁN LOS GRANDES TITULARES? ¿POR QUÉ NO SE EMPLEA LA MISMA ENERGÍA PARA EXPLICAR LAS RECTIFICACIONES?

Porque la situación ha cambiado. Y mucho.

Turcón, la Plataforma Ciudadana por un Litoral Limpio y varios particulares han formalizado rectificaciones de afirmaciones que difundieron sobre Aquanaria. Los documentos, derivados de acuerdos extrajudiciales, corrigen imputaciones sobre supuestos vertidos incontrolados, emisiones tóxicas, afecciones sanitarias e irregularidades en las autorizaciones ambientales de la empresa.

Y aquí aparece la gran contradicción. Quienes ayer eran presentados como voces autorizadas para señalar a Aquanaria hoy han tenido que corregir afirmaciones fundamentales de aquel discurso. No significa que todas las dudas medioambientales estén resueltas ni que exista una sentencia definitiva sobre el origen de cada episodio contaminante. Pero significa algo periodísticamente demoledor, determinadas acusaciones difundidas con enorme repercusión no contaban con el respaldo suficiente para mantenerse.

EL EMISARIO 222: LA PISTA QUE ALGUNOS NO QUERÍAN MIRAR

Mientras se multiplicaban las acusaciones contra las jaulas marinas, ONDA GUANCHE defendió la necesidad de examinar las pruebas científicas, investigar los vertidos del emisario submarino de Silva 222 y respetar la presunción de inocencia de Aquanaria. Los acontecimientos posteriores han dado una importancia indiscutible a esa línea de investigación.

La propia Fiscalía de Medio Ambiente investigó irregularidades en la gestión de la depuradora de Silva y solicitó un informe pericial para determinar si los vertidos del emisario podían constituir un delito ambiental. Las actuaciones fueron remitidas a los juzgados de Telde. ¿No merecía el emisario 222 tanta atención periodística como las jaulas marinas? ¿No exigía el interés público investigar esa posibilidad antes de convertir a una empresa en culpable ante la opinión pública? Eso es lo que ONDA GUANCHE viene reclamando desde el principio, pruebas antes que condenas, investigaciones antes que sentencias mediáticas y datos contrastables antes que campañas emocionales.

DEL ESCÁNDALO A LAS RECTIFICACIONES: EL RELATO SE VIENE ABAJO

Lo verdaderamente extraordinario de este caso es observar cómo algunas de las acusaciones que ocuparon titulares durante meses están siendo formalmente retiradas o corregidas por sus propios protagonistas. Donde antes se hablaba de emisiones gaseosas tóxicas, ahora se reconoce la ausencia de constatación científica que permita atribuirlas a las instalaciones de Aquanaria. Donde se cuestionaba la legalidad de la actividad acuícola, ahora se reconoce la vigencia de las concesiones y evaluaciones ambientales correspondientes. Donde se asociaban las jaulas marinas con determinadas afecciones respiratorias o cutáneas, ahora se admite que no consta evidencia probada que sostenga esa relación.

¡Qué diferencia entre la contundencia de las acusaciones de ayer y la realidad documental de hoy! ¿Dónde está la autocrítica? ¿Dónde está el reconocimiento de que determinadas acusaciones no estaban suficientemente acreditadas? ¿Dónde está la voluntad de ofrecer a los lectores el mismo despliegue informativo para explicar lo que ahora se rectifica?

¿PERIODISMO INDEPENDIENTE O PERIODISMO ACOMODADO AL PODER?

Y existe otra pregunta incómoda que merece una respuesta. Una sociedad democrática necesita medios libres, críticos e independientes. No necesita altavoces que eleven determinadas acusaciones a la categoría de verdad y después eviten someterlas al mismo escrutinio cuando sus protagonistas rectifican.

JUAN ANTONIO PEÑA: EL ALCALDE QUE TODAVÍA NO RECTIFICA

Y en medio de este terremoto informativo aparece otra figura fundamental: el alcalde de Telde, Juan Antonio Peña. Según la información obtenida por ONDA GUANCHE el pasado 8 de octubre, el regidor ha rechazado retractarse de sus manifestaciones públicas contra Aquanaria, pese a las rectificaciones ya formalizadas por particulares y colectivos. La empresa estudia una posible querella por el perjuicio que considera causado a su imagen y reputación. El alcalde tiene derecho a defender sus declaraciones, pero también debe asumir la responsabilidad política y, en su caso, jurídica de lo que afirma públicamente.

¿Dónde están ahora aquellas voces mediáticas que amplificaron las acusaciones contra la empresa? ¿Van a examinar con idéntica contundencia las declaraciones del alcalde y la documentación que ahora se conoce? ¿O resulta más cómodo guardar silencio cuando los acontecimientos cuestionan el relato que antes alimentaron? La libertad de prensa también consiste en fiscalizar las afirmaciones del poder municipal, no únicamente en reproducirlas.

ONDA GUANCHE NO SE SUMÓ AL LINCHAMIENTO MEDIÁTICO

Desde estas páginas reivindicamos una manera de entender el periodismo que no necesita sumarse a una corriente mayoritaria para ejercer su función. ONDA GUANCHE defendió que la investigación debía extenderse al emisario 222, que los informes técnicos debían ocupar el lugar de las especulaciones y que ninguna empresa podía ser condenada públicamente sin pruebas suficientes. No era una cuestión de simpatía por Aquanaria. Era una cuestión de principios. La verdad no se decide por votación popular, por la cantidad de titulares publicados ni por el número de manifestantes que señalan a un supuesto culpable. Se establece mediante hechos, documentos, análisis científicos y resoluciones de los órganos competentes. Y cuando aparecen nuevos datos capaces de modificar las conclusiones iniciales, el periodismo tiene la obligación de contarlos. Aunque incomoden. Aunque desmonten titulares anteriores. Aunque obliguen a reconocer errores.

LA MANIPULACIÓN MEDIÁTICA, ANTE SU PROPIO ESPEJO

Lo sucedido con Aquanaria debería convertirse en una seria advertencia para el periodismo local. No todo vale para conseguir audiencia. No todo vale para alimentar una polémica. No todo vale para convertir una sospecha en una acusación pública. Las rectificaciones ya conocidas han dejado en evidencia la debilidad de una parte importante del discurso que se construyó contra la empresa. Y ahora los ciudadanos tienen derecho a preguntar quién informó con rigor, quién confundió sospechas con certezas y quién está dispuesto a revisar públicamente sus afirmaciones.

¿DÓNDE ESTÁN LAS EDITORIALES AHORA?

¿POR QUÉ NO SE PUBLICA CON EL MISMO ÉNFASIS LA INFORMACIÓN QUE CONTRADICE LAS ACUSACIONES ANTERIORES?

¿QUIÉN ASUME LA RESPONSABILIDAD POR EL DAÑO QUE PUDIERON CAUSAR LAS CONDENAS MEDIÁTICAS PRECIPITADAS?

Son preguntas legítimas. Y las preguntas incómodas son precisamente la razón de ser del periodismo. Porque esta historia ya no trata solamente de una empresa acuícola, de unos peces muertos o de un emisario submarino bajo sospecha. Trata también de la credibilidad de quienes informan, de las relaciones entre prensa y poder y del derecho de los ciudadanos a conocer los hechos completos.

ONDA GUANCHE seguirá reclamando que se investigue hasta el final el origen de la contaminación de la costa de Telde, sin culpables prefabricados, sin silencios interesados y sin verdades seleccionadas a conveniencia. Que cada cual responda por sus titulares. Que cada cual explique sus contradicciones. Y que nadie pretenda enterrar las rectificaciones bajo el silencio.

PORQUE LAS HEMEROTECAS NO SE BORRAN, LAS RECTIFICACIONES QUEDAN ESCRITAS Y EL PERIODISMO QUE RENUNCIA A CONTRASTAR SUS PROPIAS ACUSACIONES TERMINA SENTADO EN EL BANQUILLO DE SU CREDIBILIDAD.

ONDA GUANCHE NO PIDIÓ CABEZAS. PIDIÓ PRUEBAS. Y LAS SEGUIRÁ EXIGIENDO.