Ceder la locución habría sido un gesto elemental de mesura. En un acto en el que Telde distingue a sus homenajeados, cuesta entender que el alcalde, además de ocupar la presidencia, tuviera que hacerse oír en cada presentación
El acto de Honores y Distinciones 2026, celebrado ayer sábado en la Plaza de San Juan, era la ocasión para que Telde pusiera el foco en las personas a las que había decidido reconocer. Juan Antonio Peña, como alcalde, presidió la ceremonia. También puso la voz en off que presentó a cada uno de los homenajeados. Hasta en ese momento, el público volvió a escuchar al alcalde.
Puede parecer un detalle de protocolo, pero dice mucho sobre cómo Peña entiende su papel. Si ya presidía la ceremonia en representación de la ciudad, ¿qué necesidad tenía de reservarse también la narración? La presentación de cada homenajeado era el momento de contar su trayectoria, explicar sus méritos y dejar que el reconocimiento hablara por sí mismo.
Lo más pobre de esa decisión es que el alcalde tenía una oportunidad muy sencilla de mostrar altura institucional. Bastaba con presidir el acto y ceder el micrófono. En una ceremonia dedicada a reconocer a otros, hasta eso parece costarle.







