La concesión simultánea de la “Escoba de Platino” a Telde y Las Palmas de Gran Canaria no ha reforzado la imagen de excelencia del galardón, sino que ha intensificado las dudas sobre su rigor, su transparencia y su verdadera utilidad como indicador de calidad en la gestión pública
Lo de la Escoba de Platino de Telde, ya chirriaba lo suyo, pero que también la haya conseguido Las Palmas de Gran Canaria, ya es puro choteo cuando precisamente la limpieza ha sido el problema más más relevante que ha tenido Carolina Darias en la ciudad de Las Palmas.
La controversia política y social, está centrada en el uso de fondos públicos y en la credibilidad del galardón otorgado por la Asociación Técnica para la Gestión de Residuos y Medio Ambiente (ATEGRUS), que no es un organismo público ni un ministerio de Medio Ambiente, es una asociación privada compuesta por empresas del sector, técnicos y entidades locales.
Es cierto que Telde ha mejorado en cuanto a la limpieza pública, pero ni de lejos par darle ni una escoba de platino, ni tan siquiera de estaño, pero ya que se la concedan también a Las Palmas de Gran Canaria es reírse de los ciudadanos sin el más mínimo recato.
El modelo del premio vuelve así al centro del debate. Para optar a la “Escoba de Platino”, los ayuntamientos deben abonar una cuota de inscripción y presentar una memoria técnica elaborada por ellos mismos. No existe, una auditoría independiente sobre el terreno que verifique de forma objetiva el estado real de los servicios.
La concesión simultánea de la “Escoba de Platino” a Telde y Las Palmas de Gran Canaria no ha reforzado la imagen de excelencia del galardón, sino que ha intensificado las dudas sobre su rigor, su transparencia y su verdadera utilidad como indicador de calidad en la gestión pública.
Es un un ejemplo más de “postureo institucional”, que reabre el debate sobre la necesidad de mecanismos de evaluación más independientes, transparentes y exigentes en la gestión pública.







