Más allá de reprochar la estrategia comunicativa de la empresa, el alcalde no anunció ninguna medida concreta para resolver el problema económico que soporta la concesionaria ni explicó cuándo piensa el Ayuntamiento cumplir la sentencia firme que reconoce la deuda

Tras hacerse público el ultimátum de Transportes La Pardilla en el que la empresa anuncia, si antes del próximo 1 de agosto no se materializa el pago de la deuda reconocida judicialmente, 8689.092,66 euros, se verá obligada a comenzar a cobrar directamente el importe del transporte urbano a los usuarios

Ante esta comunicación el alcalde de Telde, Juan Antonio Peña, ha manifestado su malestar por conocer la posición de la empresa a través de los medios de comunicación, calificando esa actuación de alejada de los principios de «lealtad institucional y cooperación».

El regidor llegó a afirmar que resulta «inaceptable» que una concesionaria trate de trasladar presión al Ayuntamiento y a los usuarios mediante titulares de prensa en lugar de acudir a los canales institucionales.

Sin embargo, más allá de reprochar la estrategia comunicativa de la empresa, el alcalde no anunció ninguna medida concreta para resolver el problema económico que soporta la concesionaria ni explicó cuándo piensa el Ayuntamiento cumplir la sentencia firme que reconoce la deuda.

La cuestión de fondo, por tanto, continúa sin respuesta: 689.092,66 euros

Mientras el Ayuntamiento centra su respuesta en las formas, la empresa sostiene que el verdadero problema sigue siendo el mismo: la falta de ejecución de una sentencia firme cuyo cumplimiento acumula ya meses de retraso, con el consiguiente riesgo de que sean finalmente los ciudadanos quienes sufran las consecuencias de ese incumplimiento.

La realidad es tozuda: mientras el alcalde habla de formas, la empresa habla de números; mientras el Ayuntamiento pide paciencia, la concesionaria acumula pérdidas; y mientras el Gobierno local critica titulares, el reloj avanza hacia el 1 de agosto, fecha en la que los ciudadanos podrían convertirse en los principales perjudicados por una deuda que nunca debieron asumir.