El último mensaje de Juan Antonio Peña en redes sociales tiene más aroma a campaña electoral que a balance de gestión. Apenas se acerca el horizonte de 2027 y al alcalde de Telde parece haberle entrado un evidente miedo escénico. Habla de los demás, pregunta dónde estaban, reprocha lo que hicieron quienes gobernaron antes y vuelve a refugiarse, una vez más, en la gastada cantinela de la «herencia recibida». Pero después de casi cuatro años gobernando, el retrovisor ya no sirve como programa político
Peña parece olvidar además algo fundamental, la Alcaldía de Telde no es suya. Llegó hasta ella con el apoyo, el trabajo y la confianza de mucha gente que hoy observa cómo el alcalde busca cobijo precisamente entre quienes nunca creyeron en su proyecto y que, cuando deje de tener poder, probablemente tampoco estarán a su lado.
Y ahí puede estar su verdadero problema para 2027. Porque incluso siendo la lista más votada, nada garantiza conservar el bastón de mando. El precedente de Paco Santiago debería servirle de advertencia, en política municipal las mayorías se construyen después de las urnas y Peña ha conseguido acumular enemigos por el camino. Su forma de gobernar, criticada por populista, personalista y autoritaria, puede terminar pasándole factura.
Mientras señala continuamente a quienes estuvieron antes, Telde ha visto pasar estos años entre anuncios, fotografías, celebraciones y fiestas, demasiadas fiestas, mientras numerosos problemas estructurales continúan esperando soluciones. Peña insiste ahora en que está «reconstruyendo» la ciudad. Pero a estas alturas el argumento empieza a agotarse. Cuatro años son suficientes para dejar de explicar lo que hicieron mal otros y empezar a responder por lo que uno mismo ha hecho (o como en el caso suyo, no ha hecho).
El mayor enemigo electoral de Juan Antonio Peña ya no está en la oposición. Está en sus propias promesas, en sus contradicciones y en una credibilidad que llega muy deteriorada a la recta final del mandato.
Y quizá por eso empieza tan pronto la campaña. Porque cuando un alcalde dedica más tiempo a recordar el pasado que a explicar su futuro, normalmente es porque el presente empieza a preocuparle.
Florentino López Castro, formado en periodismo por la Universidad Internacional Isabel I de Castilla y director de ONDA GUANCHE







