La Casa de los Sall continúa siendo uno de los ejemplos más evidentes de cómo una importante inversión pública puede permanecer durante años sin prestar el servicio para el que fue concebida. Tras una rehabilitación sufragada con fondos públicos, el edificio ha permanecido cerrado mientras se sucedían los anuncios de apertura que nunca llegaban a materializarse
El Ayuntamiento de Telde ha vuelto a anunciar la próxima apertura de la histórica Casa de los Sall, que, según el gobierno municipal, será destinada a centro cultural y espacio para la celebración de bodas civiles. Se trata de un anuncio que, lejos de despertar entusiasmo, provoca una sensación de hastío entre muchos ciudadanos, cansados de escuchar durante décadas la misma promesa que nunca se hace realidad.
La recuperación de este emblemático inmueble del barrio de San Francisco ha sido utilizada por sucesivos gobiernos municipales como un recurrente titular político. Han cambiado los alcaldes, los concejales y los partidos, pero el discurso apenas ha variado: que ahora sí, que esta vez será la definitiva.
La realidad, sin embargo, es bien distinta. La Casa de los Sall continúa siendo uno de los ejemplos más evidentes de cómo una importante inversión pública puede permanecer durante años sin prestar el servicio para el que fue concebida. Tras una rehabilitación sufragada con fondos públicos, el edificio ha permanecido cerrado mientras se sucedían los anuncios de apertura que nunca llegaban a materializarse.
Ahora el grupo de gobierno vuelve a presentar un proyecto basado en un uso mixto, como centro cultural y escenario para bodas civiles, aprovechando el crecimiento que este tipo de ceremonias está experimentando en el municipio.
Sin embargo, la cuestión de fondo no es si el inmueble acogerá bodas, exposiciones o actos institucionales. La verdadera pregunta es por qué, después de más de tres décadas de espera y de innumerables anuncios, la ciudadanía debería creer que esta vez será diferente.
La Casa de los Sall no necesita otra rueda de prensa, otra fotografía institucional ni otro titular optimista. Lo que necesita es abrir sus puertas de forma definitiva, contar con una programación estable y convertirse en un espacio vivo que justifique la importante inversión realizada con dinero público.
Los teldenses llevan demasiado tiempo escuchando la misma cantinela. Cada nuevo anuncio genera menos ilusión y más incredulidad. La credibilidad ya no se construye con promesas, sino con hechos.
Porque la mejor inauguración de la Casa de los Sall no será la que se anuncie en una nota de prensa, sino la que permita a los vecinos entrar por sus puertas y comprobar que, por fin, el edificio ha dejado de ser un proyecto eterno para convertirse en una realidad al servicio de la ciudad.







