Losetas y bordillos rotos, desniveles, hundimientos y pavimentos deteriorados convierten numerosos tramos peatonales en una auténtica carrera de obstáculos
Pasear por determinadas calles del casco de Telde se ha convertido en un ejercicio de atención permanente. Losetas levantadas, piezas rotas, desniveles, hundimientos y remiendos forman parte del paisaje cotidiano de unas aceras que deberían garantizar precisamente lo contrario: seguridad y accesibilidad para los peatones.
El problema adquiere todavía mayor relevancia cuando hablamos del corazón urbano de Telde, especialmente de zonas como San Gregorio y San Juan, por las que diariamente transitan cientos de personas y donde se concentran comercios, oficinas, servicios públicos y buena parte de la actividad administrativa y social de la ciudad.
El deterioro no supone únicamente una mala imagen. Es también un problema de seguridad y accesibilidad, especialmente para las personas mayores, ciudadanos con movilidad reducida, usuarios de sillas de ruedas o familias que circulan con carritos infantiles.
Resulta difícil hablar de recuperación del casco, dinamización comercial o embellecimiento urbano mientras algo tan elemental como las aceras continúa presentando importantes deficiencias.
Y no estamos ante un problema desconocido. Las deficiencias del pavimento y de la accesibilidad llevan años formando parte de las denuncias ciudadanas y de los propios proyectos municipales.
Telde no necesita únicamente grandes anuncios ni nuevos proyectos sobre el papel. Necesita mantenimiento. Reparar una loseta, eliminar un desnivel o acondicionar una acera puede parecer una actuación menor, pero para quien tropieza y termina en el suelo deja inmediatamente de serlo.
El estado de las aceras es también una tarjeta de presentación de la ciudad. Y en demasiados puntos del casco de Telde, esa tarjeta de presentación deja actualmente mucho que desear.
El Ayuntamiento debería acometer una revisión exhaustiva de las zonas peatonales de San Gregorio, San Juan y localizar los puntos peligrosos y establecer un programa permanente de reparación y mantenimiento.







