Una ciudad donde caminar resulte agradable es también una ciudad que favorece nuestra salud, nuestra convivencia, nuestro comercio y la vida de sus calles. No quiero simplemente transformar las Ramblas de Arnao; quiero que imaginemos qué ciudad podemos construir sobre ellas

Hay proyectos que resuelven problemas y hay proyectos capaces de cambiar una ciudad. Transformar las Ramblas de Arnao para volver a unir San Gregorio, San Juan, San Francisco, Arnao y su entorno pertenece, para mí, a los segundos. Hoy tenemos espacios muy próximos que, sin embargo, no terminan de sentirse plenamente conectados. Por eso creo que Telde debe atreverse a estudiar una transformación ambiciosa de este gran eje urbano, analizando la posibilidad de soterrar determinados tramos de circulación y recuperar la superficie para las personas. Imaginemos una gran continuidad urbana, accesible, arbolada y con sombra, donde caminar resulte cómodo, limpio, sano, seguro y agradable; con espacios para descansar, encontrarnos y convivir. No estamos hablando simplemente de transformar una vía: estamos hablando de empezar a dibujar el Telde de las próximas décadas.

Reconozco que este proyecto me apasiona especialmente. Cuando pienso en el Telde de dentro de veinte o treinta años imagino una ciudad más unida, amable y humana. Y para conseguirlo debemos incorporar conceptos como la caminabilidad y el confort urbano a nuestra manera de planificar: espacios accesibles, zonas verdes, arbolado que genere sombra, buenos pavimentos, iluminación, seguridad, mobiliario y lugares de estancia que inviten realmente a utilizar la ciudad. El confort urbano está directamente relacionado con la calidad de vida y el bienestar de las personas, y depende precisamente de muchos de estos elementos que encontramos cada día en nuestras calles. Una ciudad donde caminar resulte agradable es también una ciudad que favorece nuestra salud, nuestra convivencia, nuestro comercio y la vida de sus calles. No quiero simplemente transformar las Ramblas de Arnao; quiero que imaginemos qué ciudad podemos construir sobre ellas.

Y creo que debemos tener la valentía de afrontar retos de esta dimensión. No puede pretender asumir la responsabilidad de ser alcalde o alcaldesa de Telde quien no esté dispuesto a afrontar proyectos de esta envergadura. Gobernar no consiste únicamente en administrar los problemas cotidianos; exige tener una visión sobre la ciudad que queremos dentro de treinta años y comenzar a tomar decisiones que definirán su futuro desarrollo socioeconómico, urbanístico y de planeamiento. Pero ser ambiciosos tampoco significa prometer lo imposible. Una transformación así necesita estudios rigurosos de ingeniería, arquitectura, urbanismo y movilidad; analizar alternativas, costes, afecciones y fases; buscar financiación y conseguir la implicación de otras administraciones. No quiero prometer una obra antes de saber cómo puede hacerse; quiero que Telde tenga la ambición suficiente para estudiar seriamente cómo hacerla posible. Y, si resulta viable, planificar, buscar recursos, alcanzar acuerdos y tener la determinación de comenzar, articulando paralelamente los procesos participativos ciudadanos oportunos. 

Quienes hayan seguido estas reflexiones durante las últimas semanas probablemente empiecen a comprender que no estoy hablando de actuaciones aisladas. Terminar el llamado Palacio de la Cultura y las Artes, habilitar el edificio de los antiguos Multicines, poner en funcionamiento las 1.022 plazas del parking de San Gregorio, fortalecer nuestro comercio y transformar las Ramblas de Arnao son actuaciones diferentes, que tendrán expedientes, inversiones y tiempos de ejecución distintos, pero que deben responder a una misma visión de ciudad. Y esa visión tampoco puede terminar en el centro urbano. Debe relacionarse con el desarrollo y fortalecimiento de nuestros polígonos y zonas industriales —El Goro, Salinetas, Las Rubiesas, Jinámar, Cruz de la Gallina, Bocabarranco, Las Huesas y el resto de áreas productivas— como motores fundamentales de empleo, inversión y actividad económica. Una ciudad no se transforma sumando proyectos independientes, sino consiguiendo que actuaciones diferentes respondan a una misma planificación y empujen en una misma dirección. Precisamente la movilidad, la accesibilidad y el planeamiento necesitan esa mirada transversal y coordinada.

No me conformo con que Telde se limite a administrar la ciudad que ha recibido. Tenemos la responsabilidad de preparar la ciudad que entregaremos a quienes vengan detrás. Sé que una transformación como ésta no se consigue de un día para otro y posiblemente tampoco pueda completarse en un solo mandato. Pero precisamente por eso alguien debe tener la valentía de imaginarla, estudiarla y comenzar a dar los primeros pasos. Me ilusiona pensar que algún día podamos aparcar nuestros vehículos donde corresponde y recuperar la superficie para caminar; salir de San Gregorio y continuar hacia San Juan, San Francisco o Arnao sintiendo que seguimos formando parte de un mismo corazón urbano; disfrutar de calles con sombra, comercio, cultura, actividad y vida. Porque quizá el mayor legado que podamos dejar a Telde no sea solamente una gran obra, sino conseguir que una ciudad que durante demasiado tiempo fue creciendo por partes vuelva, por fin, a encontrarse, a conectarse y a sentirse una sola Telde.

José Luis Macías Alonso es Concejal y Portavoz de Nueva Canarias – Bloque Canarista en el M.I. Ayuntamiento de Telde y Secretario General de Nueva Canarias – Bloque Canarista Telde.