El prestigioso científico Serge Haroche advierte de los peligros de la demagogia, la desinformación y la manipulación social. Una reflexión que cobra especial significado en Telde, donde la política del espectáculo amenaza con imponerse a la gestión y al bienestar de los ciudadanos. El alcalde Juan Antonio Peña parece haber convertido la política en un show permanente de fotografías, propaganda y sonrisas, mientras los grandes problemas de la ciudad siguen esperando soluciones
El premio Nobel de Física Serge Haroche ha lanzado una inquietante advertencia sobre el auge del populismo, relacionándolo con la falta de pensamiento crítico, la desinformación y la facilidad con la que determinados discursos pueden manipular a la ciudadanía. Una reflexión de alcance internacional que invita a mirar directamente hacia la Alcaldía de Telde y a cuestionar el modelo político que representa Juan Antonio Peña.
¿Es Juan Antonio Peña un ejemplo de ese populismo que preocupa al Nobel? Desde la perspectiva general sobre su gestión, existen motivos para abrir seriamente ese debate. Fotografías, vídeos, fiestas, anuncios grandilocuentes, presencia permanente en las redes sociales y una estudiada imagen de alcalde cercano contrastan con las denuncias sobre contratos municipales bloqueados, instalaciones cerradas, servicios públicos necesitados de mejoras y promesas que siguen esperando convertirse en realidades.
El alcalde de Telde parece haber descubierto una fórmula políticamente rentable, sustituir las soluciones por anuncios, la planificación por improvisación y los resultados por una interminable sucesión de fotografías, vídeos y publicaciones en redes sociales. Una estrategia de comunicación que busca proyectar la imagen de un regidor cercano, sonriente y permanentemente disponible, aunque esa exposición mediática no sea necesariamente sinónimo de eficacia administrativa.
La política del selfi amenaza con devorar la política de las soluciones. Y lo verdaderamente preocupante es que las consecuencias de ese espectáculo no las paga el alcalde, sino los ciudadanos de Telde. Mientras Peña alimenta su imagen pública, continúan las controversias sobre la paralización de contratos municipales esenciales, las deficiencias de determinados servicios públicos, las infraestructuras pendientes de recuperación y las promesas que se anuncian reiteradamente sin que los vecinos puedan comprobar resultados equivalentes.
El bloqueo de los nuevos contratos de Parques y Jardines y Alumbrado, denunciado públicamente por el concejal Juan Francisco Artiles, constituye un ejemplo especialmente preocupante. Hablamos de decisiones que afectan directamente al mantenimiento de los espacios públicos, la seguridad, la modernización de las instalaciones y la calidad de vida de miles de ciudadanos. Porque el populismo no arregla una farola, no limpia un parque, no abre una instalación municipal cerrada ni convierte una promesa electoral en una realidad.
Y aquí reside precisamente el peligro al que invita a reflexionar la advertencia del Nobel, cuando la ciudadanía termina valorando más la simpatía de un gobernante que su capacidad para resolver problemas, la democracia corre el riesgo de convertirse en un concurso de popularidad. Peña puede acumular fotografías, repartir sonrisas y protagonizar cuantos actos públicos considere oportunos, pero ninguna campaña de imagen debería servir para esconder las carencias de una gestión municipal.
Telde no necesita un alcalde convertido en personaje de las redes sociales. Necesita un gobernante capaz de tomar decisiones, desbloquear proyectos, asumir responsabilidades y garantizar el bienestar de sus vecinos. Serge Haroche no ha hablado de Juan Antonio Peña ni de Telde. Sin embargo, sus reflexiones sobre el populismo y la necesidad de distinguir a los demagogos de los dirigentes responsables adquieren una dimensión especialmente oportuna cuando se analiza la política municipal. La cuestión de fondo es mucho más grave que una simple discrepancia política. El populismo puede terminar hipotecando el futuro de una ciudad cuando el interés electoral de un gobernante pesa más que las necesidades colectivas.
Y en Telde conviene hacerse una pregunta que cada día resulta más incómoda, ¿cuánto progreso, cuánto bienestar y cuántas oportunidades está perdiendo la ciudad mientras Juan Antonio Peña dedica tantos esfuerzos a promocionar su imagen? Porque una ciudad no se gobierna con sonrisas, fiestas y titulares. Se gobierna con trabajo, planificación, responsabilidad y resultados. El mayor peligro para Telde no es que Peña quiera ser popular. Es que la popularidad termine siendo su principal logro político mientras la ciudad sigue esperando el cambio que prometió. Cuando la propaganda se convierte en la principal obra de un gobierno, el problema ya no es únicamente del alcalde, el precio de ese populismo lo acaba pagando toda una ciudad. ONDA GUANCHE







