La restauración de la Virgen del Carmen podía haberse comunicado perfectamente desde el Cabildo de Gran Canaria, en un acto institucional o mediante una comparecencia pública. El mensaje habría tenido exactamente el mismo valor y se habría evitado alimentar un debate que en Telde vuelve una y otra vez: el de la utilización de las celebraciones religiosas para obtener visibilidad política

La solemne celebración celebrada anoche en honor a la Virgen del Carmen, volvió a dejar en Telde una imagen que empieza a convertirse en costumbre: la utilización de un acto litúrgico como escenario para anuncios y mensajes de marcado contenido político.

Durante la acción de gracias de la eucaristía celebrada en la parroquia de San Gregorio, el vicepresidente del Cabildo de Gran Canaria, Teodoro Sosa, tomó la palabra para anunciar el compromiso de la institución insular con la restauración de la imagen de la Virgen del Carmen. Nadie cuestiona la importancia de esa actuación patrimonial, que sin duda constituye una buena noticia para la ciudad. Lo que sí resulta cuestionable es el lugar y el momento elegidos para realizar un anuncio de carácter institucional.

En democracia existen espacios para cada cosa. Las ruedas de prensa, los plenos, los actos oficiales o las comparecencias públicas son los escenarios naturales para comunicar decisiones políticas o institucionales. Los templos, por el contrario, deberían permanecer como lugares de culto, oración y encuentro espiritual, ajenos a cualquier protagonismo partidista o institucional.

Lo preocupante es que en Telde esta situación ya no constituye una excepción. En los últimos años se ha ido consolidando una práctica que desdibuja la frontera entre la representación institucional y el aprovechamiento político de las celebraciones religiosas. Lo que debería ser un momento de recogimiento termina convirtiéndose, con demasiada frecuencia, en un escaparate para reforzar liderazgos o trasladar mensajes de gestión.

Los cargos públicos tienen todo el derecho a participar en las fiestas religiosas de una ciudad, como representantes institucionales o como creyentes. Lo que resulta más discutible es utilizar el desarrollo de una celebración litúrgica para anunciar inversiones, reivindicar actuaciones o proyectar una determinada imagen política.

La separación entre la esfera política y la religiosa no responde únicamente a un principio constitucional. Es, sobre todo, una cuestión de respeto hacia quienes acuden a una iglesia movidos exclusivamente por su fe, sin esperar que el templo se convierta en escenario de anuncios institucionales.

La restauración de la Virgen del Carmen podía haberse comunicado perfectamente desde el Cabildo de Gran Canaria, en un acto institucional o mediante una comparecencia pública. El mensaje habría tenido exactamente el mismo valor y se habría evitado alimentar un debate que en Telde vuelve una y otra vez: el de la utilización de las celebraciones religiosas para obtener visibilidad política.

La actitud del párroco Agustín Lasso también merece una reflexión. La Iglesia debe ser un espacio de encuentro para todos los creyentes, al margen de ideologías y estrategias institucionales. Permitir que un acto litúrgico sirva de escenario para anuncios políticos contribuye a difuminar una frontera que debería permanecer nítida. La neutralidad que se espera de un templo exige evitar situaciones que puedan interpretarse como una identificación entre la Iglesia y cualquier responsable o institución política.

Porque cuando el altar acaba haciendo las veces de atril, pierden todos. Pierde la política, que ve cuestionada la neutralidad de sus actos institucionales, y pierde también la Iglesia, cuyo espacio litúrgico deja de ser percibido exclusivamente como un lugar de oración para convertirse, aunque solo sea por unos minutos, en el escenario de un mensaje político.

Telde debería reflexionar seriamente sobre esta deriva. Las tradiciones religiosas forman parte del patrimonio cultural y sentimental de la ciudad. Precisamente por ello merecen preservarse al margen de cualquier estrategia de comunicación institucional o de cualquier intento de rentabilización política. Una cosa es representar a las instituciones en una celebración religiosa y otra muy distinta es convertir esa celebración en el marco elegido para hacer política. Maribel Castro; directora de canariasinformativa.com