La reflexión de Claudio Ojeda sobre las licencias urbanísticas de Telde plantea una pregunta inevitable: qué hizo durante el mandato para corregir las carencias que ahora señala

La reciente reflexión de Claudio Ojeda sobre la lentitud de las licencias urbanísticas en Telde merece una lectura crítica. Tras cuatro años como asesor y a apenas siete meses de las elecciones municipales, el exconcejal y exconsejero del Cabildo enumera problemas que afectan desde hace tiempo a ciudadanos, empresas y proyectos públicos: falta de personal, técnicos sobrecargados y expedientes atrapados en procedimientos interminables.

El diagnóstico puede ser acertado. Lo que resulta cuestionable es presentar ahora estas carencias sin acompañarlas de un balance de su propia labor como asesor. ¿Qué propuestas trasladó durante estos años? ¿Cuándo advirtió de la situación? ¿Qué actuaciones promovió y con qué resultados?

Quien ha desempeñado funciones de asesoramiento durante un mandato debe explicar su aportación a las soluciones. Su responsabilidad merece escrutinio, especialmente cuando reconoce que actuaciones como los aparcamientos de San Gregorio llevan más de un año entre informes y documentación.

Ojeda destaca el compromiso del concejal Iván Sánchez y plantea estudiar fórmulas de colaboración con el Colegio de Arquitectos. También propone que los próximos programas electorales incluyan la agilización de licencias, la vivienda social y la revisión del Plan General. Son asuntos relevantes, pero remitirlos al próximo mandato deja pendiente la explicación sobre lo ocurrido en este.

La proximidad electoral convierte esta reflexión en una intervención con apariencia de oportunismo político: se reconocen los problemas acumulados, se elogia la voluntad de buscar soluciones y se desplazan los compromisos hacia el futuro, sin detallar qué se hizo desde el puesto de asesor.

Los vecinos que esperan una licencia necesitan respuestas y plazos. Las familias que buscan vivienda necesitan actuaciones concretas. Y una ciudad con proyectos públicos demorados necesita algo más que buenas intenciones cuando se acerca la cita con las urnas.

El oportunismo de algunos asesores queda en evidencia cuando el balance de su trabajo se sustituye por un catálogo de soluciones para después de las elecciones. Después de cuatro años asesorando, la pregunta no es solo qué debería hacer Telde, sino qué hicieron quienes estaban allí para ayudar a resolver sus problemas.