El historiador, que ha dedicado buena parte de su trayectoria a investigar el pasado de Gran Canaria y sus archivos parroquiales, denuncia la falta de mantenimiento del patrimonio histórico de Telde y cuestiona la gestión municipal
El historiador Jesús Emiliano Rodríguez Calleja, doctor en Historia Moderna por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y con más de 35 años de experiencia docente, ha dedicado buena parte de su trayectoria a investigar el pasado de Telde y sus archivos parroquiales. Antiguo miembro de la Comisión Local de Defensa del Patrimonio Histórico, conoce de cerca la riqueza patrimonial del municipio y se muestra especialmente crítico con su conservación.
¿Qué importancia tienen los archivos parroquiales para conocer la historia de Telde?
Los documentos parroquiales constituyen una fuente fundamental para estudiar nuestra historia. En la actualidad, buena parte de esta documentación se está agrupando en el Archivo Histórico Diocesano de Las Palmas, aunque originalmente se generó en las propias parroquias. Las más importantes son las parroquias históricas, aquellas que se crearon inmediatamente después de la conquista de Gran Canaria, como las de Telde, Gáldar, Agüimes, Tirajana o Arucas. Son las que conservan la documentación más antigua y de mayor valor histórico.
¿Qué podemos descubrir sobre la sociedad de aquella época a través de esos documentos?
Nos permiten conocer cómo era la sociedad, estudiar su evolución demográfica y reconstruir la historia de las familias. Últimamente se están utilizando mucho para las investigaciones genealógicas, porque hay personas que quieren saber quiénes fueron sus antepasados. Pero su importancia va mucho más allá. Durante los siglos XVI y XVII, la documentación parroquial, junto con los protocolos notariales, fue una de las principales fuentes para estudiar la historia de Canarias.
¿Cuáles son los principales riesgos que amenazan la conservación de toda esta documentación?
La documentación en papel es muy frágil y, cuando se deteriora, resulta muy difícil recuperarla. Actualmente se está recurriendo a la digitalización, que es una herramienta importante, aunque también tiene sus riesgos porque los archivos digitales pueden perderse o borrarse. Por eso es necesario conservar adecuadamente los originales y facilitar su consulta sin ponerlos en peligro.
Telde es una ciudad con un patrimonio histórico muy importante, pero ¿considera que está suficientemente cuidado o existe el riesgo de perder una parte de él?
El patrimonio de Telde está muy descuidado. Los yacimientos arqueológicos están llenos de porquería, abandonados y sin el mantenimiento adecuado. En cuanto al patrimonio parroquial, tiene una particularidad: es un patrimonio privado porque pertenece a la Iglesia, pero al mismo tiempo recoge la identidad social del municipio. Eso le confiere un valor que va mucho más allá de su titularidad.
En el caso concreto de los archivos parroquiales de Telde, ¿cuál es su estado de conservación?
En Telde están bastante bien cuidados. Existen armarios ignífugos y unas condiciones de conservación que permiten proteger la documentación. Sin embargo, hay otro problema importante, y es el uso que hacen algunas personas que acuden a consultar esos documentos.
¿A qué se refiere?
El mayor problema que tiene la documentación parroquial de Telde es el mal uso que hacen algunos usuarios. Hay personas que van a trabajar con los libros y no los respetan, los manipulan de manera inadecuada e incluso he llegado a encontrar gente que los subrayaba. Yo organicé el archivo y conozco bien esta situación. Es una documentación muy delicada que hay que tratar con muchísimo cuidado. Una forma de resolverlo es mediante la digitalización o la transcripción de los documentos, que es algo que yo mismo he hecho.
«El mayor problema de los archivos parroquiales de Telde es el mal uso que hacen algunos usuarios»
¿Cree que ha faltado una política continuada de protección del patrimonio municipal?
El patrimonio no se ha cuidado. Es un problema que se ha ido acumulando durante muchos años. Tenemos leyes que protegen el patrimonio, pero una cosa es que exista una legislación y otra muy distinta que se cumpla y se aplique. Debería existir una buena comisión de patrimonio que trabajara realmente por su conservación. Sin embargo, en los últimos años no se ha hecho prácticamente nada.
¿En qué aspectos concretos considera que ha fallado esa gestión?
Hace aproximadamente un mes, el director del Museo Histórico publicó un artículo en el que mostraba su sorpresa por el abandono del patrimonio municipal. Después, desde el Ayuntamiento se reconoció que todavía no sabían dónde estaban los padrones municipales. ¿No han tenido tiempo de buscar esos documentos? Tampoco sabemos dónde están las actas del Consistorio desde 1911. Son cuestiones fundamentales para conocer la historia del municipio. No podemos estar hablando continuamente de la riqueza histórica de Telde en los pregones y en los actos oficiales mientras después no se trabaja para conservarla.
Recientemente se produjo un incendio en la Casa Roja, junto a la iglesia de San Francisco, que lleva más de dos años cerrada. ¿Es un ejemplo de los riesgos que afectan al patrimonio histórico de la ciudad?
Sí, totalmente. Es un ejemplo de la situación que estamos viviendo y de la necesidad de prestar más atención a nuestro patrimonio. Pero creo que también debemos exigir una mayor implicación a quienes forman parte de los órganos encargados de su protección.
¿Y qué ocurre con el catálogo municipal de bienes patrimoniales? ¿Es necesario completarlo y actualizarlo?
El catálogo se hizo hace tiempo, cuando yo formaba parte de la Comisión de Patrimonio, pero el problema no es solamente que esté incompleto, que también lo está. El problema fundamental es que no se actualiza. Hay que revisar continuamente los bienes protegidos para comprobar en qué condiciones se encuentran. No basta con elaborar un catálogo y dejarlo guardado.
¿Qué lugares de Telde necesitan una mayor atención?
Hay muchos ejemplos. Basta con acercarse a La Garita y comprobar cómo se encuentran sus yacimientos arqueológicos. Lo mismo sucede en El Bailadero, debajo de San Francisco. Son espacios que necesitan mantenimiento y seguimiento. El problema es que en ocasiones se invierte mucho dinero, incluso procedente de fondos europeos, para realizar una actuación y después no existe una conservación continuada. Se interviene en un lugar y, al poco tiempo, vuelve a encontrarse en malas condiciones. No se puede trabajar así. laprovincia.es; Elena Montesdeoca







