El problema registrado este año con el enganche de la carreta podría justificarse como un accidente o un episodio de mala suerte. Sin embargo, cuando se observa el conjunto de deficiencias que acumula el municipio, resulta difícil considerarlo un hecho aislado. Es simplemente otro fallo más de una gestión marcada por la improvisación
Durante más de ocho años fui responsable de la carreta con la que Telde participaba en la Romería-Ofrenda del Pino, en Teror. Entonces, con un mes de antelación, ya estaba elegido el motivo tradicional que representaría al municipio en la romería más importante de Gran Canaria.
En una de aquellas ediciones, la carreta estuvo presidida por una reproducción de la espadaña de la antigua iglesia de San Francisco, elaborada con mimbre y cañas del barranco de Tecén por el maestro artesano Agustín Calderín. El artista necesitó alrededor de veinte días para culminar aquella magnífica pieza. Había planificación, dedicación y respeto por la imagen de Telde. No por casualidad, nuestras carretas aparecían cada año en los programas oficiales de las Fiestas del Pino.
El problema registrado este año con el enganche de la carreta podría justificarse como un accidente o un episodio de mala suerte. Sin embargo, cuando se observa el conjunto de deficiencias que acumula el municipio, resulta difícil considerarlo un hecho aislado. Es simplemente otro fallo más de una gestión marcada por la improvisación.
¿También es casualidad que el parque de San Juan, uno de los principales pulmones verdes de la ciudad, presente un preocupante estado de abandono?
¿Será necesario contratar a ingenieros de la NASA para poner en funcionamiento las cinco fuentes urbanas de Telde?
¿Es mala suerte la basura acumulada en las cunetas de la transitada carretera que conduce al centro comercial Alcampo, a IKEA y a Jinámar? ¿También lo son la suciedad, los baches y la falta de agua que padecen numerosas zonas verdes del barrio?
Telde celebra el 675.º aniversario de su fundación mientras mantiene abandonados sus yacimientos arqueológicos y descuida los barrios históricos de San Juan y San Francisco. Otra contradicción y otro fallo vergonzoso.
El Ayuntamiento devuelve subvenciones porque no consigue ejecutar los proyectos y, pese a disponer de dinero en las arcas municipales, es incapaz de poner en marcha muchas de las obras que necesita la ciudad por falta de proyectos aprobados.
A todo ello se suma la parálisis administrativa que afecta a numerosas dependencias municipales. Hasta las nóminas de los trabajadores se han pagado con retraso.
Podríamos continuar enumerando fallos, abandono y quejas vecinales, pero la lista sería interminable. Eso sí, Telde puede presumir de fiestas y más fiestas. La Feria del Libro se prolongó durante un mes, con actos y actuaciones musicales, mientras los problemas cotidianos de los barrios continúan esperando una respuesta.
La carreta de Teror no fue, por tanto, un simple accidente. Fue la imagen simbólica de una ciudad que avanza a trompicones por falta de planificación, rigor y responsabilidad.
La gestión del alcalde, Juan Antonio Peña, y de su concejal de Cultura, Juan Martel, deja mucho que desear. Ambos deberían recordar que la política no consiste únicamente en organizar celebraciones y hacerse fotografías, sino en gestionar con seriedad, defender los intereses de Telde y ofrecer soluciones a sus ciudadanos. De pena. Tony Benítez exconcejal de Embellecimiento de Telde







