El alcalde y la concejala de Playas, María González Calderín, deben explicar qué se ha investigado, qué se ha resuelto y qué medidas se toman para evitar nuevos episodios

De nuevo, Melenara cerrada al baño. De nuevo, bacterias en el agua. Y de nuevo, los ciudadanos sin conocer el origen del problema.

El Ayuntamiento ha decretado el cierre preventivo tras detectarse niveles elevados de enterococos intestinales en la zona norte de la playa. Aguas de Telde inspecciona las redes de saneamiento y se anuncian nuevos muestreos para el martes 3 de noviembre. Mientras tanto, toca esperar.

Cerrar por recomendación sanitaria es necesario. Pero la gestión no termina colocando el cartel de prohibición. Después deben llegar las explicaciones y las soluciones.

¿De verdad el alcalde de Telde, Juan Antonio Peña, y la concejala de Playas, María González Calderín, siguen sin saber de dónde viene la contaminación? Si todavía no lo saben, deben explicar qué impide identificar el origen, qué posibles causas se han descartado y qué comprobaciones quedan pendientes. Preguntar no equivale a acusar de ocultación: equivale a exigir información.

Los anteriores episodios no pueden vincularse automáticamente con este: cada uno necesita sus pruebas. Pero los vecinos merecen un balance de lo investigado, lo resuelto y lo pendiente. El pasado necesita aclaraciones y el presente añade otra incógnita.

En Telde se festeja todo: los Finaos, lo que marque el calendario y, si hace falta, hasta la hora. Pero cuando toca explicar qué sucede con nuestras playas, el entusiasmo institucional pierde la voz. Para anunciar celebraciones siempre parece haber un micrófono disponible; para responder a las preguntas de fondo, el silencio resulta sepulcral. Y nunca mejor traída la expresión en estas fechas.

Nada que objetar a las tradiciones y al disfrute de los vecinos. Lo exigible es que la diligencia para organizar y comunicar festejos también se aplique a explicar los problemas que afectan a la ciudad.

Una playa puede reabrirse mientras las dudas permanecen abiertas. Que los próximos análisis permitan volver al agua no explicará, por sí solo, qué ocurrió ni cómo evitar que se repita.

¿Y qué responsabilidad política tienen Peña y González Calderín? No cabe atribuirles una contaminación cuyo origen se desconoce. Sí corresponde examinar su gestión: prevención, vigilancia, coordinación, rapidez y transparencia.

Ambos deben explicar qué informes han recibido, qué decisiones han impulsado y qué se aprendió de los cierres anteriores. Si hay actuaciones que dependen de otra administración, ¿cuándo se reclamaron y qué respuesta hubo?

Un cierre no demuestra por sí solo una mala gestión. Anunciarlo tampoco acredita una buena. María González Calderín debe dar cuenta del trabajo de su área y el alcalde ofrecer una respuesta conjunta. Si aparecen fallos o retrasos, deben reconocerse y corregirse.

Mientras tanto, vecinos y visitantes vuelven a quedarse en la orilla. Decir que se investiga es el comienzo de una respuesta; comunicar los resultados es el paso que debe seguir.

Melenara necesita recuperar el baño y la confianza. Porque para las fiestas basta con conocer el programa; para confiar en quienes gobiernan, hacen falta explicaciones. Juan Santana Hernández, Periodista y Locutor