Resulta difícil entender cómo una de las ventanas del histórico salón de plenos, un espacio de enorme valor patrimonial por sus techos y suelos de madera, así como por el mobiliario que alberga, permaneció abierta durante toda la noche del pasado viernes sin que nadie lo advirtiera. Un descuido de estas características no es un simple olvido: supone un riesgo evidente para un edificio histórico, ya sea por la posibilidad de un incendio provocado o por cualquier acto vandálico

Si durante los tres años y medio de mandato del concejal de Patrimonio Histórico, Juan Martel, apenas se ha movido una piedra para proteger y poner en valor el patrimonio cultural de Telde, ahora la sensación de abandono parece haber alcanzado incluso a las propias Casas Consistoriales.

Resulta difícil entender cómo una de las ventanas del histórico salón de plenos, un espacio de enorme valor patrimonial por sus techos y suelos de madera, así como por el mobiliario que alberga, permaneció abierta durante toda la noche del pasado viernes sin que nadie lo advirtiera. Un descuido de estas características no es un simple olvido: supone un riesgo evidente para un edificio histórico, ya sea por la posibilidad de un incendio provocado o por cualquier acto vandálico.

No se trata, además, de un hecho aislado. Hace apenas unos diez días también quedaron abiertas las tres ventanas traseras del mismo inmueble, las que dan a la calle Vega Grande, con el consiguiente peligro de robo o de daños al patrimonio municipal.

Cabe preguntarse dónde está la coordinación entre el alcalde, Juan Antonio Peña, y el concejal responsable del área. Mientras estas situaciones se suceden, la sensación es que el esfuerzo del gobierno municipal se centra más en recorrer plazas y participar en actos de marcado carácter populista que en garantizar el correcto funcionamiento y la conservación del patrimonio público.

A ello se suma otra imagen poco edificante: los numerosos discos de señalización utilizados durante el rodaje de una película continúan amontonados en la calle Vega Grande más de doce días después de finalizar los trabajos. Permanecen allí, al sol, junto a las señales provisionales de prohibición, ofreciendo una imagen de abandono impropia de una ciudad que aspira a proyectar modernidad y buena gestión.

El alcalde debería dedicar menos tiempo a promover nuevas fiestas o romerías sin arraigo popular y más a resolver los problemas reales del municipio. Gobernar significa priorizar, gestionar con eficacia y cumplir los compromisos adquiridos con los ciudadanos.

El mensaje cristiano, tantas veces invocado en los actos públicos, es sencillo: cada uno debe cumplir con su deber. Esa máxima también debería aplicarse a quienes ocupan responsabilidades públicas. Los vecinos esperan hechos, no fotografías; gestión, no propaganda.

Mientras se siguen destinando importantes recursos a celebraciones y eventos, el funcionamiento ordinario del Ayuntamiento continúa mostrando importantes deficiencias que afectan directamente a la ciudadanía.

Telde necesita menos marketing institucional y más gestión. Porque, de lo contrario, la percepción de muchos vecinos seguirá siendo la misma: Telde va hacia atrás. Tony Benítez exconcejal de Embellecimiento de Telde