La salida de Gregorio Peñate es un síntoma claro. Cuando los veteranos, los que conocen las tripas del partido y del ayuntamiento, deciden que es hora de irse «por motivos personales», a menudo es una forma elegante de decir que ya no creen en las posibilidades de remontada bajo la dirección actual. Si Atta no logra frenar esta sangría de activos, se quedará solo al frente de unas siglas vacías
El pasado lunes oficializaba su renuncia al cargo de concejal de la oposición del grupo ASBA, Gregorio Peñate, que se va tras más de dos décadas como cargo público y hombre fuerte del ex alcalde Paco Atta. Alega motivos estrictamente personales y profesionales y el tiempo dirá si hay algo más tras esta marcha.
Su renuncia al acta de concejal en el Ayuntamiento de Valsequillo supone un movimiento de gran calado, ya que Peñate ha sido uno de los rostros más visibles de Asba y ha formado parte de la columna vertebral de esta formación política durante años, desempeñando funciones tanto en el grupo de gobierno (en mandatos anteriores) como en la organización interna del partido.
Esta dimisión llega en un momento de reajuste para el partido, que tras una moción de censura en noviembre de 2025, pasó a la oposición en el tablero político local, tras una fiscalización férrea por parte de la oposición actual gobierno (Asamblea Valsequillera, El Cambio Necesario, la coalición de PSOE y Valsequillo Plural (VPL), y la Plataforma Vecinal “Tajinaste Por Valsequillo” ).
La dimisión de Peñate, se suma al duelo de Francisco Atta ya que al escenario de la pérdida del poder institucional, su equipo de confianza se está desmoronando y su proyecto político carece de la influencia que tuvo durante más de una década.
La situación de Francisco Atta es, por primera vez en casi quince años, de una fragilidad absoluta, ese modelo de liderazgo tan personalista funciona muy bien mientras se tiene el bastón de mando, pero se vuelve muy peligroso en la oposición. Si el líder no puede ofrecer cargos, gestión o poder, y además su figura está desgastada por la moción de censura, el partido empieza a preguntarse si él es la solución o parte del problema.
La salida de Gregorio Peñate es un síntoma claro. Cuando los veteranos, los que conocen las tripas del partido y del ayuntamiento, deciden que es hora de irse «por motivos personales», a menudo es una forma elegante de decir que ya no creen en las posibilidades de remontada bajo la dirección actual. Si Atta no logra frenar esta sangría de activos, se quedará solo al frente de unas siglas vacías. MC







