La crítica a la gestión pública forma parte de cualquier democracia sana. Los cargos públicos deben estar sometidos al escrutinio de la ciudadanía, de la oposición y de los medios de comunicación. Sin embargo, una cosa es la crítica y otra muy distinta la construcción sistemática de un relato orientado a desacreditar permanentemente a una persona, independientemente de los hechos
Desde hace tiempo, cualquier actuación relacionada con las áreas que dirige el concejal Juan Francisco Artiles parece ser interpretada desde una óptica exclusivamente negativa por un determinado espacio de opinión. Da igual que se trate de una mejora, de una actuación de mantenimiento o de una decisión respaldada por criterios técnicos: el resultado final suele ser el mismo, convertir la gestión en motivo de reproche político.
El reciente caso de la retirada de cardones en la rotonda de El Roque es un ejemplo significativo. El artículo publicado bajo el título «La motosierra de Telde: cuando los cardones molestan» no analiza el fondo de la cuestión desde una perspectiva técnica. Por el contrario, utiliza recursos literarios, ironías y expresiones cargadas de intencionalidad para presentar la actuación municipal como un supuesto ataque al patrimonio vegetal de la ciudad.
Sin embargo, la realidad administrativa funciona de otra manera. Las decisiones en materia de seguridad vial, mantenimiento de espacios públicos y gestión de zonas verdes no se adoptan por ocurrencia política, sino sobre la base de informes elaborados por los servicios técnicos competentes.
Si existen informes que advierten de riesgos para usuarios y conductores, los responsables públicos tienen la obligación de actuar. De hecho, no hacerlo podría generar responsabilidades mucho más graves en caso de accidente.
Es legítimo discrepar de una actuación concreta. Es legítimo incluso considerar que existían alternativas mejores. Lo que resulta más difícil de justificar es ignorar deliberadamente la existencia de informes técnicos o prescindir de ellos para construir un relato exclusivamente emocional basado en expresiones como «cardonicidio», «matanza vegetal» o «paisaje lunar». Esas expresiones pueden resultar efectivas desde el punto de vista periodístico o literario, pero aportan poco al análisis objetivo de los hechos.
La ciudadanía merece información completa. Merece conocer las razones de las actuaciones municipales, los informes que las sustentan y los objetivos perseguidos. También merece que las críticas se formulen desde el rigor y no desde prejuicios previos.
Si atendemos a los «razonamientos» del articulista, podríamos entender que los cardones y los árboles se mantienen en el mismo estado durante diez años. Permanecen inmutables, siempre en un mismo estado, como una planta de plástico. Y por ende, tampoco se regeneran ni vuelven a crecer después de una poda. Alucinante argumentario.
Juan Francisco Artiles podrá equivocarse, como cualquier responsable público. Pero su gestión debe ser juzgada por sus resultados, por sus decisiones y por la información objetiva disponible, no por campañas de desgaste basadas en la reiteración permanente de una misma narrativa negativa.
La independencia de un servidor público se demuestra precisamente cuando toma decisiones que considera correctas aunque resulten impopulares. Gobernar no consiste únicamente en adoptar medidas aplaudidas por todos; en ocasiones implica asumir costes políticos para garantizar la seguridad, el interés general y el cumplimiento de los criterios técnicos.
La crítica es necesaria. La fiscalización es saludable. Pero la honestidad intelectual también exige reconocer que una actuación respaldada por informes técnicos no puede ser presentada automáticamente como un capricho político. Cuando la opinión sustituye sistemáticamente a los hechos, el debate público pierde calidad y los ciudadanos pueden entender que están queriendo manipularles.
La credibilidad del autor (bajo el seudónimo de Pedro Regalado) es la misma de quien se esconde detrás del seudónimo. Una prensa seria nunca informa u opina con objetividad si, supuestamente, lo hace desde la manía persecutoria y la venganza personal. Simplemente, se trata de una fijación enfermiza y autodestructiva. El autor debe estar pasándolo mal al «regalarnos» este tipo de artículos. El amargo olor a bilis lo dice todo. Fuente: Aclarando Telde







