La autoridad religiosa no concede derecho a actuar con arbitrariedad. Llevar sotana tampoco legitima la prepotencia ni permite señalar qué feligrés debe levantarse para dejar paso al poder político

Durante la lectura del pregón del Santo Cristo de Telde, el párroco de San Juan decidió ejercer de improvisado jefe de protocolo del Ayuntamiento de Telde , ante la ausencia de la responsable que pagamos todos los teldenses.

La presencia de autoridades en una celebración religiosa no puede convertirse en una exhibición de privilegios. Si la parroquia había reservado determinados lugares para los representantes institucionales, estos debían estar debidamente señalizados antes del comienzo del acto -cosa que no sucedió-.

Lo que no resulta aceptable es corregir una deficiente organización desplazando a una persona que ya se encontraba sentada legítimamente. Un sacerdote no debe pedirle a un feligrés que se levante de un asiento ordinario simplemente para acomodar a los cargos públicos.

El templo no es un salón de plenos ni su primera fila puede convertirse en un espacio reservado mediante decisiones improvisadas. Quienes acuden en representación del Ayuntamiento deben hacerlo con humildad y respeto hacia los ciudadanos, no disfrutando de privilegios a costa de ellos.

Resulta especialmente contradictorio que desde el púlpito se prediquen la humildad, la igualdad y el respeto mientras, llegado el momento, se expulsa a un feligrés de su asiento para satisfacer las apariencias y garantizar una ubicación preferente a un concejal.

La autoridad religiosa no concede derecho a actuar con arbitrariedad. Llevar sotana tampoco legitima la prepotencia ni permite señalar qué feligrés debe levantarse para dejar paso al poder político.

El párroco de San Juan debería explicar por qué consideró más importante proteger la comodidad y la fotografía de un concejal que respetar la dignidad de un feligrés. Porque una iglesia no es un palco reservado para políticos, y un sacerdote no está para repartir privilegios, sino para servir a su comunidad.

Lo ocurrido durante el pregón del Santo Cristo constituye un lamentable ejemplo de clericalismo al servicio del poder. La primera fila podrá ofrecer una buena fotografía, pero no puede ocultar una actuación autoritaria, innecesaria y profundamente irrespetuosa.