La alianza exige explicar qué ha cambiado para que parte del espacio político que abandonó Coalición Canaria vuelva ahora a entenderse con esas mismas siglas y vendiendo el mismo y manido mensaje
La alianza entre Primero Canarias y Coalición Canaria invita a revisar la memoria política de sus protagonistas. Bajo los mensajes de unidad nacionalista hay un recorrido de rupturas, nuevas organizaciones y posteriores acercamientos que merece una explicación pública.
Parte de los dirigentes que hoy promueven este entendimiento procede del espacio político que rompió con Coalición Canaria en 2005 para impulsar Nueva Canarias. Después de separarse también de esta última formación y promover Primero Canarias, vuelven a pactar con la organización de la que aquel sector se alejó hace más de dos décadas.
Presentar ese recorrido como una renovación resulta, cuando menos, discutible. Los ciudadanos tienen derecho a saber qué diferencias justificaron la ruptura, cuáles han desaparecido y qué compromisos concretos sostienen ahora el acuerdo.
La unidad nacionalista no puede convertirse en una fórmula que sirva para justificar cualquier movimiento sin rendir cuentas por los anteriores. Si entonces había razones para marcharse y ahora las hay para regresar al entendimiento, corresponde explicarlas con claridad.
Las alianzas son legítimas, pero su credibilidad depende de algo más que una fotografía y un reparto de puestos en las candidaturas. Depende del programa, de los compromisos públicos y de la coherencia de quienes piden nuevamente la confianza del electorado.
Después de tantas rupturas, cambiar de siglas no basta para acreditar una nueva manera de hacer política. Queda por demostrar si este acuerdo responde a una propuesta sólida para Canarias o a la conveniencia electoral de sus protagonistas.
Quienes ayer defendieron la separación deben explicar por qué hoy celebran el reencuentro. Porque vender como nuevo un entendimiento con los antiguos compañeros exige bastante más que cambiar el cartel.







