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Juan Santana Hernández aborda en la Radio Digital de Onda Guanche la distancia entre las administraciones y los ciudadanos en una entrevista con el adjunto primero de la Diputación del Común, marcada por la defensa del trato humano, las reclamaciones y la participación democrática.
Detrás de una lista de espera hay una persona. Detrás de un expediente paralizado, una familia. Y detrás del silencio administrativo, alguien que necesita una respuesta. Con esa mirada, Juan Santana Hernández condujo en **El Pulso**, el programa que presenta en la **Radio Digital de Onda Guanche**, una conversación con Antonio Alarcó Hernández sobre los derechos ciudadanos y las dificultades para hacerlos efectivos.
El adjunto primero de la Diputación del Común, médico, catedrático de Cirugía y exsenador del Partido Popular, situó entre los principales obstáculos de la institución su escaso conocimiento entre la población. Según explicó, todavía hay ciudadanos que desconocen dónde acudir o qué pueden esperar de este organismo encargado de defender sus derechos frente a las administraciones.
«Lo que no se conoce no hay complicidad con él», señaló. Una reflexión que atravesó buena parte de la entrevista: para reclamar, primero hay que saber que existe una puerta a la que llamar.
Santana llevó la conversación al terreno práctico. ¿Qué ocurre cuando una administración no contesta? ¿También encuentra silencio quien debe supervisarla? Alarcó reconoció que algunas respuestas tardan y que es necesario insistir mediante requerimientos y un seguimiento de los expedientes.
La entrevista permitió explicar también los límites de esa intervención. El invitado admitió que la institución carece de una capacidad coercitiva directa equiparable a la judicial y señaló la posibilidad de acudir a la Fiscalía cuando corresponda. Asimismo, recordó que debe abstenerse de intervenir en asuntos sometidos a un procedimiento judicial.
Quedó así planteada una de las tensiones centrales del programa: la distancia entre reclamar una respuesta y conseguir que esa respuesta resuelva el problema.
El teléfono como herramienta de mediación
Alarcó describió su forma de intervenir ante determinadas quejas sanitarias. Puso como ejemplo las suspensiones reiteradas de una operación de cataratas y explicó que, además de la tramitación del expediente, procura contactar con el centro responsable para conocer la situación y buscar una solución.
Santana introdujo entonces una cuestión relevante: hasta qué punto esa gestión se beneficia de su trayectoria médica y de la interlocución que mantiene con profesionales sanitarios. El entrevistado reconoció esa facilidad, aunque defendió que cualquier representante institucional debería encontrar atención cuando llama para trasladar una reclamación.
El intercambio dejó una exigencia reconocible para muchos oyentes: que la respuesta administrativa llegue también a quienes carecen de contactos y solo cuentan con su derecho a ser atendidos.
Mirar al paciente a la cara
El tramo más humano de la conversación llegó cuando el presentador preguntó si se está perdiendo humanidad en la asistencia sanitaria. Alarcó respondió sin rodeos: «Sí».
A partir de ahí, defendió una atención basada en escuchar, mirar al paciente a la cara y tratarlo con respeto. «La humanidad es de coste cero», afirmó. Su argumento fue que el trato digno no depende exclusivamente de inversiones o equipamiento, sino también de la conducta cotidiana de quienes atienden a otras personas.
La reflexión conectó con otro asunto presente en la entrevista: unas comunicaciones cada vez más sofisticadas pueden convivir con teléfonos que nadie responde, recorridos automatizados y ciudadanos que terminan sin encontrar interlocutor.
La independencia, sobre la mesa
La conversación tuvo también contenido político. Alarcó expresó opiniones muy críticas sobre la situación del país y defendió el voto como instrumento para promover cambios. Fueron valoraciones del entrevistado, que vinculó la participación democrática con la responsabilidad individual.
Santana le planteó expresamente cómo garantiza la independencia de su actual responsabilidad cuando una queja afecta a administraciones gobernadas por el Partido Popular. Alarcó aludió a su situación de suspensión de la actividad partidaria y había defendido previamente la neutralidad ideológica exigible al cargo, aunque su respuesta no detalló mecanismos concretos para esos supuestos.
La pregunta dejó sobre la mesa un asunto esencial: la confianza en una institución de defensa ciudadana requiere que cualquier reclamación reciba el mismo trato, con independencia del color político de la administración afectada.
El cierre recuperó la participación y el papel de los medios de comunicación. Alarcó destacó su responsabilidad en la formación de la opinión pública, mientras Santana agradeció una intervención que combinó explicaciones institucionales, experiencia profesional y posicionamientos políticos.
El Pulso puso el foco en una demanda sencilla de formular y demasiado frecuente de reclamar: que al otro lado de una ventanilla, de un teléfono o de un expediente haya alguien dispuesto a escuchar y responder.







