Fabiola Calderín tiene a ‘CC-Valsequillo’ en estado de ‘coma profundo’ y le lleva camino de la irrelevancia electoral. A Fabiola Calderín ya no le queda estructura que liderar pero…el partido es ella.Ya no queda nadie más
El comportamiento de Fabiola Calderín desde que tomó el mando de ‘Coalición Canaria Valsequillo’ responde a una estructura de liderazgo tóxico, caracterizada por la autoprotección y la distorsión de la realidad.
La «dueña» del partido en Valsequillo, siguiendo el mismo procedimiento que Francisco Atta cuando estaba en Nueva Canarias, logró convertirse en la única vía de comunicación con los mandos superiores a nivel insular y eso no era producto de la casualidad; era una estrategia de control.
En cualquier organización política, si los niveles superiores no tienen acceso a la disidencia, el líder se convierte en el único narrador de los hechos. Esto le permite transformar crisis de confianza (dimisiones) en actos administrativos legítimos («reestructuración»).
Pero, ¿cuales son las consecuencias?
Los mandos superiores, al no tener contrapesos ni otras fuentes, terminan validando la versión del líder por defecto, otorgándole una autoridad que ya no posee en el ámbito local.
Fabiola Calderín utiliza los medios de comunicación no para informar, sino para reescribir la narrativa.
Ella no busca el consenso, sino la legitimación externa. Al hablar públicamente de «reestructuración», intenta neutralizar el daño reputacional antes de que los críticos tengan oportunidad de explicar sus motivos reales.
Se trata de un mecanismo de defensa. Admitir que las dimisiones son fruto de su gestión personal supondría un reconocimiento de fracaso. Por tanto, necesita crear un «enemigo interno» o una «necesidad de cambio» para justificar el caos que ella mismo ha generado.
La debilidad previa de la ejecutiva es el caldo de cultivo ideal para su autoritarismo desmedido.
Cuando una estructura es débil, es más fácil de fragmentar (divide y vencerás). El líder aprovecha esta fragilidad para purgar a quienes cuestionan su autoridad, etiquetando la resistencia como «falta de lealtad» o «sabotaje».
Escuchar a la reina del cambalache hablando de lealtad, aparte de un acto de cinismo, es un insulto a la inteligencia de cualquier militante.
Pero la espiral del silencio se impone.
Los que aún permanecen en el partido se ven obligados a callar por miedo a ser los siguientes en la «reestructuración», lo que acelera su descomposición final, ya que se pierde el talento y la crítica constructiva.
Este comportamiento no es un error de gestión, sino una táctica de retención de poder a costa de la viabilidad del partido. No hay rendición de cuentas y el desbarajuste interno se convierte en «reestructuración».
Fabiola consigue provocar salidas para consolidar un núcleo de seguidores incondicionales, aunque esto signifique dejar el partido sin base social.
Fabiola Calderín tiene a ‘CC-Valsequillo’ en estado de ‘coma profundo’ y le lleva camino de la irrelevancia electoral. A Fabiola Calderín ya no le queda estructura que liderar pero…el partido es ella.Ya no queda nadie más.
Antonio Sosa Robaina es vecino de Valsequillo.







