Agaete y Valsequillo: dos municipios, un mismo patrón político… con una diferencia clave

En la política municipal hay decisiones que marcan un antes y un después. Una de ellas es cuando una concejala decide abandonar todos sus cargos de gobierno, romper con su partido, pero mantener el acta otorgada por las urnas. No es un gesto simbólico ni una pataleta política: es una decisión que altera la aritmética del poder y, con ella, el rumbo de un ayuntamiento.

Eso es exactamente lo que ha ocurrido en Agaete, con Candelaria Mendoza, y en Valsequillo, con Lucía Melián. Dos municipios distintos, dos contextos políticos diferentes, pero atravesados por un mismo patrón que conviene analizar con rigor. Y, también, con una diferencia fundamental que no debe ocultarse.

El punto de inflexión: dejar el gobierno, no la representación
Tanto Mendoza como Melián tomaron una decisión idéntica en el momento clave: abandonaron todas sus responsabilidades de gobierno, rompieron con su partido o grupo político, mantuvieron su acta de concejala y dejaron al gobierno municipal en minoría. Conviene recordarlo: el acta no pertenece a los partidos, sino a la ciudadanía.

Agaete: los números ya estaban
En Agaete, la salida de Candelaria Mendoza provocó una situación clara: los números daban. Su paso a concejala no adscrita dejó al gobierno BNR–NC–PSOE en minoría y permitió que el Partido Popular articulara una mayoría suficiente para presentar y aprobar la moción de censura.

Valsequillo: los números no daban… hasta que intervino la justicia
En Valsequillo, la situación fue distinta. La salida de Lucía Melián no hacía suficiente, por sí sola, para que prosperara una moción de censura. Fue la sentencia judicial relacionada con el concejal Arredondo la que terminó de alterar el tablero político y permitió que los números cuadraran.

Un discurso que se repite
En ambos municipios se repite un mismo diagnóstico: falta de diálogo, bloqueo interno, imposición y gobiernos agotados.

La reacción habitual: deslegitimar al que rompe el bloque
Las respuestas de los gobiernos salientes también fueron previsibles: acusaciones de transfuguismo, traición y ausencia total de autocrítica.

La lección política

Agaete y Valsequillo dejan una enseñanza incómoda pero necesaria: los gobiernos no caen por conspiraciones externas, sino cuando dejan de escuchar por dentro. A veces los números ya están. Otras veces llegan después, cuando la justicia aclara el tablero. Pero el desenlace es el mismo: cuando el diálogo desaparece, la aritmética y la democracia mandan.

Manuel Afonso: Colaborador de análisis político