El Ayuntamiento pretende delegar una responsabilidad pública en operadores privados sin contraprestación económica, trasladando a estas empresas la carga operativa de un servicio que corresponde a la administración

La decisión del Ayuntamiento de Telde de impulsar la retirada de vehículos abandonados mediante convenios con Centros Autorizados de Tratamiento de Vehículos (CAT), sin coste directo para las arcas municipales, no deja de ser como siempre, un brindis al sol que no será efectivo.

El Ayuntamiento pretende delegar una responsabilidad pública en operadores privados sin contraprestación económica, trasladando a estas empresas la carga operativa de un servicio que corresponde a la administración. Aunque los CAT pueden obtener ingresos a través del aprovechamiento de piezas y materiales reciclables, pero la mayoría de los 1.000 vehículos abandonados en Telde son, literalmente, chatarra quemada, o vandalizada. Si el coche no tiene motor, caja de cambios o catalizador, el CAT pierde dinero. Nadie trabaja gratis para perder dinero

La falta de un contrato vinculante

Al no haber una licitación pública con un pago por servicio, el Ayuntamiento depende de la «buena voluntad» o del interés puntual de los desguaces.

  • Si el CAT ve que el coche no vale nada, simplemente puede no ir a recogerlo.
  • El Ayuntamiento no tiene una herramienta legal de presión para obligarles, ya que no hay un contrato de prestación de servicios remunerado.

Además aunque el CAT quiera el coche, el Ayuntamiento tiene que haber finalizado el expediente de abandono. Si la burocracia municipal sigue tan lenta como de costumbre, de poco sirve que los desguaces estén dispuestos; sin el papel que autoriza el tratamiento como residuo sólido urbano, el CAT no puede tocar el vehículo.

En resumen, prometer que se va a limpiar una ciudad entera de coches abandonados sin gastar un euro suena más a propaganda que a una gestión logística seria. Si el Ayuntamiento no pone dinero para compensar la retirada de los vehículos que son pura basura, es muy probable que los coches sigan donde están.

Por ello, el Ayuntamiento de Telde debe revisar el modelo planteado, abrir un proceso de diálogo con el sector y ofrecer información detallada sobre el alcance, condiciones y garantías de los acuerdos previstos.

Este modelo propuesto por el Ayuntamiento de Telde, propiciaría una recogida a la carta: los CAT acudirán raudos a por un coche seminuevo, pero ignorarán sistemáticamente las carcasas quemadas que llevan años en Jinámar o en los polígonos industriales. Al final, los vehículos más problemáticos —los que realmente degradan la imagen de la ciudad— seguirían en el mismo sitio.

Para que fuera justo, el Ayuntamiento debería tratar la retirada de vehículos como lo que es: un servicio de gestión de residuos, y como tal, debería estar presupuestado y licitado con obligaciones claras para el contratista, no dejado al azar del mercado.

Al intentar ahorrar en gestión y planificación, Telde corre el riesgo de seguir siendo un cementerio de coches al aire libre mientras espera a que el mercado de la chatarra haga el trabajo que le corresponde al municipio.