En Telde, además, se ha cruzado una línea que resulta francamente asquerosa: que un alcalde pague con dinero público a un medio para difundir mentiras contra un concejal de la oposición. Eso no es comunicación institucional, eso es propaganda sucia
Por mucho que el alcalde de Telde se empeñe en fabricar relatos, sembrar sospechas o difundir mentiras contra un miembro de la oposición, hay algo que no se puede controlar ni manipular eternamente: la verdad.
La historia política está llena de gobernantes que creyeron que el poder institucional, el dinero público o los altavoces mediáticos afines bastaban para convertir una mentira en verdad. Nunca funciona. La mentira puede correr deprisa, pero la verdad siempre termina alcanzándola.
En Telde, además, se ha cruzado una línea que resulta francamente asquerosa: que un alcalde pague con dinero público a un medio para difundir mentiras contra un concejal de la oposición. Eso no es comunicación institucional, eso es propaganda sucia.
Pero lo verdaderamente grave no acaba ahí. Más asqueroso aún es que el propio alcalde comparta activamente los enlaces de esas mentiras, actuando no como representante de toda la ciudad, sino como altavoz personal de la intoxicación. Utilizar la alcaldía para amplificar falsedades no es política: es abuso de poder.
Y mucho más asqueroso todavía es que un medio, en este caso ‘Gestel Actualidad’, se preste conscientemente a ese juego, renunciando al mínimo deber periodístico de contrastar, verificar y respetar la verdad. Cuando un medio deja de informar para convertirse en herramienta de ataque político, deja de ser medio y pasa a ser instrumento.
Todo esto responde a una estrategia conocida:
cuando no hay gestión que exhibir, se fabrica ruido;
cuando no hay explicaciones, se lanzan sospechas;
cuando no hay argumentos, se pagan titulares.
Pero la realidad es tozuda.
Los procedimientos judiciales no se escriben en notas de prensa ni se deciden en despachos políticos. Tienen tiempos propios y hablan con documentos, no con relatos prefabricados.
Pretender montar tribunales mediáticos paralelos desde la alcaldía es una temeridad democrática. Hoy el objetivo es un concejal incómodo; mañana puede ser cualquier ciudadano, periodista o colectivo que ose preguntar.
La política no debería basarse en la mentira pagada, sino en la rendición de cuentas.
No en el señalamiento, sino en la explicación.
No en la propaganda, sino en los hechos.
Y los hechos, por mucho que se intenten ocultar, no se pueden censurar.
La verdad no siempre llega rápido. A veces tarda. A veces desespera.
Pero llega.
Y cuando lo hace, no necesita dinero público, ni enlaces compartidos, ni medios dóciles: se impone sola.
Juan Santana, periodista y locutor de radio






