No tenemos que irnos muy lejos (aunque pudiéramos), para recordar que Peña fue durante años el aprendíz de aquel trío de hermanos que iban y traían las mentiras, tramas o conspiranioas, que se vertían en una radio gamberra. Allí vio, oyó y gustó cómo se fabricaban las más disparatadas estrategias del clan y una forma de hacer y entender la política como Maquiavelo la concebiera en el medievo

Anda el alcalde de Telde, un Primero yo que Canarias, dejándose llevar o llevando «runruneos» cacofónicos que lo proyectan como el político que siempre fue y heredero del «monarca» que le prestó el cetro. No tenemos que irnos muy lejos (aunque pudiéramos), para recordar que Peña fue durante años el aprendíz de aquel trío de hermanos que iban y traían las mentiras, tramas o conspiranioas, que se vertían en una radio gamberra. Allí vio, oyó y gustó cómo se fabricaban las más disparatadas estrategias del clan y una forma de hacer y entender la política como Maquiavelo la concebiera en el medievo. Muchos años de escudero le llevaron a aprender el oficio y el arte de no aportar nada bueno y agitar todo lo malo, de  convertir la política en un ring de golpes al aire, en vez de en un escenario para la búsqueda del bien común. Y quien esto aprende, cuando se ha visto con poder, no sabe qué hacer con él y a poco que se le levanta la capa, descubrimos que no era el super héroe que se vendió, sino el monje de clausura que necesita de guía. 

Peña, a poco de tener que enfrentarse de nuevo con las urnas, con un balance nulo de gestión y con todos los cartuchos del populismo barato ya mojados, ha decidido cambiar Rey por falso Guanarteme , para proveerse de mejor destino si todo falla y hace poco unió su futuro a la «esperanza blanca» de todos los tránsfugas, un ex de su enemigo de siempre Nueva Canarias. Y desde ahí, creyéndose a salvo en un nuevo castillo, anda ahora viendo cómo caen otros alcaldes de su nuevo clan y entrado en un pánico fingido con tal de apuntarse a una épica estúpida que da vergüenza ajena.

Juan Antonio Peña oye voces. Voces que le cuentan que hasta el PP conspira para tirarlo al foso de la oposición. Cacofonías que le susurran que existe una trama que lo llevaría a sentarse con VOX y dejar sin sueldo a todos sus concejales aún noveles dos años y medio después. Y con todas estas sombras fantasmales apareciéndoles en sus sueños, ha decidido que podrían servirle para hacerse el víctima, el objetivo a batir por un frente del mal tan variopinto como irreconciliable. Alguien le ha hecho creer a Peña en pajaritos preñados, a un PP junto al PSOE, a una NC haciendo alcalde…¿a quien?. Pero como nunca hay letra sin música, ni solista sin coros, Peña ha elegido a una comparsa para que le mueva su agitadera y promueva la bandera sonora para su película. Chabacanel JB y la Rata, la Rata y Chabacanel JB, de nuevo unidos en un dúo que los retrata, son los elegidos. Dos viejos r(o)ckeros cuyo caché ya tiende a la desperada, se muestran hiperactivos estos días, para poner «notas» a esta decadente versión de «los miserables» que, en sus manos, parece más aquel bolero de los Panchos, titulado La Mentira. Aquel que reconoce «que llevan en su alma cicatrices, imposibles de borrar». Porque eso, y el vil metal, es lo que une en verdad a este trío de calaveras, que se montan una moción de la nada para tener un par de minutitos de gloria. 

Vaya fichaje ha hecho Sosa y más ‘limpriadito’ dinero público el que se nos está yendo por estas nuevas viejas cloacas.