Los medios de difamación pagados con dinero público a través de Gestel con el beneplácito del ‘alcalde del pueblo’, Juan Antonio Peña, no publican información, vomitan piezas sueltas, filtraciones, declaraciones con colmillo, fotos escogidas, comentarios interesados y un “ya se sabe” que lo contamina todo. Y así se construye el juicio paralelo. No con pruebas, sino con repetición. No con resoluciones, sino con ruido
A la sala de fiestas ‘La Bella Época’ de Telde no se la está midiendo con la misma vara que a otros negocios. No se trata de pedir privilegios ni de mirar para otro lado si existen incumplimientos, se trata de señalamiento, de doble rasero y de una campaña de desgaste que mezcla política, titulares y prejuicios hasta convertir un conflicto administrativo (o lo que sea) en un linchamiento público.
Una cosa es que el Ayuntamiento de Telde haga su trabajo y otra, muy diferente, es que parezca que se ha activado una maquinaria para perseguir, asfixiar o silenciar a un espacio concreto. Y cuando esa percepción se instala en la calle, el problema ya no es solo del local afectado, es un problema de credibilidad institucional, de confianza en los medios y de seguridad jurídica para cualquiera que emprenda o abra un negocio en esta ciudad.
Con La Bella Época asistimos a una persecución política y mediática en toda regla. ¿Por qué este negocio familiar termina siendo tema recurrente, foco de insinuaciones y objeto de una atención pública que no se aplica con igual intensidad a otros lugares similares? ¿Por qué se alimenta un relato que parece escrito antes de que se revisen expedientes, se escuchen versiones o se respeten procedimientos?
Los medios de difamación pagados con dinero público a través de Gestel con el beneplácito del ‘alcalde del pueblo’, Juan Antonio Peña, no publican información, vomitan piezas sueltas, filtraciones, declaraciones con colmillo, fotos escogidas, comentarios interesados y un “ya se sabe” que lo contamina todo. Y así se construye el juicio paralelo. No con pruebas, sino con repetición. No con resoluciones, sino con ruido.
El daño hecho no solo el propietario o la empresa, lo pagan los trabajadores, que viven en la incertidumbre, lo pagan las familias que dependen de ese sueldo, lo paga la clientela, que ve cómo se estigmatiza un lugar de ocio, y lo paga, en el fondo, Telde, porque cada espacio cultural o nocturno que se demoniza sin rigor empobrece la ciudad, la vuelve más apagada y más pequeña.
SI HAY IRREGULARIDADES, QUE SE DEMUESTREN
Si La Bella Época incumple normativa, lo correcto es actuar con pruebas, con expedientes transparentes y con medidas proporcionadas. Y si cumple, o si está en proceso de regularización como tantos negocios que han tenido que navegar burocracias interminables, entonces lo que corresponde es respeto, igualdad de trato y prudencia pública.
Lo que no puede ser es que la condena se dicte antes que el procedimiento, o que se use un caso concreto como arma arrojadiza en una pelea política. Porque cuando la administración deja de parecer neutral, pierde autoridad moral. Y cuando un medio sustituye el contraste por el señuelo, pierde su función social.
GOBERNAR NO ES SEÑALAR
Y en el plano político, convendría recordar algo elemental, una institución no puede comportarse como una cuenta de redes sociales. Gobernar no es lanzar frases para el aplauso rápido. Gobernar es garantizar que las reglas sean las mismas para todos, que las inspecciones no se usen como castigo selectivo y que las decisiones estén motivadas, documentadas y libres de interés partidista.
Que se aclare qué se exige, qué se ha requerido, qué plazos existen y qué pasos se han dado. Que se elimine la sospecha de arbitrariedad con información clara y verificable.
Porque si La Bella Época está siendo tratada con una intensidad excepcional, la ciudadanía tiene derecho a saber por qué. Y si no hay motivos excepcionales, entonces lo que hay que corregir es el exceso. Basta de acoso, basta de ruido y basta de utilizar un negocio como saco de boxeo.
LA SUERTE ESTÁ CAMBIANDO DE BANDO
El Juzgado de Instrucción n.º 2 de Telde admite a trámite la querella criminal criminal interpuesta por Sala de Fiestas La Bella Época contra dos técnicos del Ayuntamiento de Telde. Tras meses de expedientes administrativos y cierres polémicos, el Juzgado de Instrucción n.º 2 de Telde ha admitido a trámite la querella criminal presentada por la empresa propietaria contra dos técnicos municipales.
La admisión a trámite de la querella criminal, contra los técnicos municipales, A. Alemán y B. Santana por un presunto delito de prevaricación administrativa, marca un giro importante en el conflicto judicial que mantienen la Sala de Fiestas La Bella Época y el Ayuntamiento de Telde.
La empresa propietaria (Macrodisco Show SL) alega que los técnicos municipales actuaron de forma arbitraria, su abogado alega:
- Prevaricación administrativa: Argumentan que el precinto realizado en marzo de 2025 se basó en un expediente que ya estaba caducado o que había sido dejado sin efecto por un decreto anterior (del 5 de marzo de 2025).
- Daños y perjuicios: Reclaman que el cierre forzado les ha causado graves pérdidas económicas y un daño reputacional irreparable.
- Actuación «de oficio»: Sostienen que los técnicos ejecutaron la clausura sin el conocimiento directo del concejal de Urbanismo, saltándose presuntamente el procedimiento legal.
Es evidente que, desde la perspectiva de la propiedad de La Bella Época, lo que el Ayuntamiento define como «disciplina urbanística» se percibe como una campaña de hostigamiento sistemático.
Cuando una administración decide mantener la presión administrativa y técnica a pesar de tener una querella admitida a trámite contra sus propios funcionarios, la situación entra en un terreno legal muy pantanoso.
Ahora el juez deberá determinar si el Ayuntamiento actuó legalmente para proteger a los vecinos o si, por el contrario, los funcionarios públicos cometieron un abuso de poder al cerrar el establecimiento.
POSIBLES CONSECUENCIAS PARA EL AYUNTAMIENTO
Si el Juzgado de Instrucción n.º 2 determina que hubo irregularidades en la actuación municipal, el Ayuntamiento de Telde podría enfrentarse a:
Responsabilidad Patrimonial: El pago de indemnizaciones millonarias por lucro cesante (el dinero que la sala dejó de ganar durante los cierres).
Nulidad de actuaciones: Todos los expedientes abiertos tras la supuesta prevaricación podrían ser anulados.
¿Cazador cazado?… pronto lo sabremos y conoceremos a más personajes siniestros denunciados por esta cacería inmisericorde. La suerte está cambiando de bando.







