Tras el bochornoso espectáculo que protagonizó en el pleno de marzo, faltando al respeto a la institución y a su presidencia, Atta vuelve a la carga con su eterno doble rasero. Pretende hacernos creer que lo que antes era «buena gestión» para su partido, ASBA, hoy es «derroche» en manos del gobierno actual

El fallo neuronal de la oposición es ya una evidencia diaria, pero su máxima expresión la encarna Francisco Atta. En un bucle infinito, el exalcalde manipula la realidad administrativa y económica para inocular confusión e incertidumbre en la ciudadanía. No contento con su mediocre papel institucional, ha azuzado a su caterva de seguidores con perfiles falsos para lanzar mensajes, a menudo insultantes, a través de las redes sociales; una guerrilla digital que solo refleja la bajeza de quien la consiente.

Tras el bochornoso espectáculo que protagonizó en el pleno de marzo, faltando al respeto a la institución y a su presidencia, Atta vuelve a la carga con su eterno doble rasero. Pretende hacernos creer que lo que antes era «buena gestión» para su partido, ASBA, hoy es «derroche» en manos del gobierno actual.

Hablemos de números, que es donde se desmonta la mentira: Para el exalcalde —una realidad que se resiste a aceptar, por mucho que le pese— no es lo mismo que en 2023 él presupuestara 40.800 € para publicidad institucional, a que el gobierno actual reconvierta los 56.354 € que ASBA destinaba a un «cargo de confianza» en dos partidas vitales: seguridad y comunicación. Lo que antes era un pago de prebendas políticas, hoy es una inversión en servicios para el pueblo. La medida de Juan Carlos Hernández es una necesidad social; la de Atta, puro clientelismo.

El tufillo a podrido en las declaraciones de Atta es insoportable. Argumenta que su cargo de confianza era un «perfil técnico» para reforzar servicios básicos. Mentira. La realidad es que colocó a alguien de su lista electoral para que terminara haciendo de chófer de Vías y Obras. Que explique el exalcalde qué «perfil técnico» se necesita para conducir un vehículo, trasladar personal o materiales, más allá de la necesidad de calmar las aguas internas tras cortarle el paso como concejal.

Miente también, de forma descarada, al atacar el gasto en comunicación. Francisco Atta se siente cómodo en el «Mordor informativo» que creó: un sistema de oscurantismo donde la consigna era «cuanto menos sepa el pueblo, mejor». Su desfachatez no tiene límites al criticar que ahora fluya la información, mientras oculta que bajo su mando la radio y la televisión municipal estaban heridas de muerte. Desde junio de 2025, la radio solo emitía música porque la trabajadora fue trasladada de funciones y Este Canal languidecía por falta de recursos.

La transparencia ha sido el gran déficit de ASBA durante catorce años de sombra. Atta entra en cortocircuito: un día dice que la información es necesaria y al siguiente que no es prioritaria. Se olvida del sentir popular, de esos vecinos que hoy celebran saber qué ocurre en su municipio, algo que antes era un privilegio de unos pocos.

Si a este modo de proceder falsario le sumamos su mantra de repetir mentiras mil veces para intentar convertirlas en verdades, nos queda el retrato de un político rabioso y soberbio. Francisco Atta sigue repitiendo a diestro y siniestro que le han «robado» lo que es de todos, incapaz de entender que el poder no es su propiedad privada.

En fin, donde no hay ética ni altura política, no hay nada, por mucho que se rasque en profundidad.

Juan Antonio Ojeda Muñoz; Docente