Ver un coche —por muy «de boda» que sea— aparcado en pleno corazón de la Plaza de San Juan es una bofetada al patrimonio. Esa plaza es peatonal y su pavimento no está diseñado para soportar tráfico ni para servir de parking privado de exhibición
El que un poca vergüenza haya entrado hoy hasta la puerta de la Basílica de San Juan, con un coche nupcial, no es baladí ni un tema de importancia menor.
La Plaza de San Juan forma parte del corazón histórico de Telde. No es un aparcamiento improvisado ni una pasarela para privilegios sociales. Si se está consintiendo que determinados vehículos accedan a ese entorno monumental para dejar y recoger a los novios a pie de templo, alguien tiene que explicar con qué criterio se autoriza semejante despropósito.
Claro que si el pasado miércoles el Alcalde de Telde volvía a quemar en plena plaza, la sardina del Carnaval, ¿que se puede esperar?, si el mismo Peña, que tanto criticó cuando estaba en la oposición el “uso indebido” de la Plaza de San Juan, se está encargando un día si y otro también de su deterioro.
Claro que dice un refrán que “cuando el pastor bebe donde lo hace el ganado, ni el perro le hace caso”Es un refrán cargado de sabiduría popular (y un toque de severidad) sobre la autoridad y el respeto.
En esencia, significa que si quien debe dar el ejemplo o liderar pierde la dignidad, se rebaja o se iguala a sus subordinados en comportamientos inapropiados, pierde toda credibilidad.
La Plazoleta de la Basílica de San Juan, lugar donde se fundó nuestra ciudad, se encuentra en estado de abandono progresivo, es vergonzante el estado de deterioro que presenta esta singular plaza ante la desidia del alcalde Juan A. Peña y y la ineptitud del concejal de Patrimonio, Juan Martel, que ni están ni se les espera.
Ver un coche —por muy «de boda» que sea— aparcado en pleno corazón de la Plaza de San Juan es una bofetada al patrimonio. Esa plaza es peatonal y su pavimento no está diseñado para soportar tráfico ni para servir de parking privado de exhibición.
¿Quién permitió el paso?: Si el Ayuntamiento o los responsables del orden miran para otro lado «porque es una boda», están siendo ese pastor que bebe donde el ganado. Si ellos no hacen cumplir la norma, el ciudadano pierde el respeto a la autoridad.
El efecto contagio: Si hoy entra un coche de boda, mañana querrá entrar el de la mudanza, el del reparto o el que tiene prisa. Se rompe el carácter sagrado y civil de la plaza.
Es frustrante ver cómo un espacio que pertenece a todos los teldenses se privatiza por un momento de vanidad. San Juan es un Bien de Interés Cultural (BIC), y como tal, debería estar blindado ante este tipo de «invasiones» que degradan la imagen del municipio.







