Ha vuelto a presidir el Pleno en mangas de camisa sin ningún recato y encima una camisa con dos tallas menos de la que lleva, lo que visualmente resulta horrible. Solo tendría que mirar a su derecha y ver como viene vestido el secretario de la Corporación -podría aprender mucho-
El alcalde de Telde, Juan Antonio Peña, nunca ha comprendido en los casi tres años que lleva siendo el alcalde de esta ciudad, que cuando una persona se sienta en el sillón de la alcaldía, deja de ser un ciudadano particular para convertirse en la encarnación de la voluntad de miles de vecinos.
Sigue sin entender que el Pleno no es una reunión de amigos, es el lugar donde se decide el futuro de la ciudad. El traje o la vestimenta formal funcionan como un «uniforme de servicio» que marca la importancia del momento.En algunos Plenos y en base a las críticas que le hemos hecho por su vestimenta, se ha colocado una chaqueta y bueno…al menos vestía el muñeco, pero es que ha vuelto a presidir el Pleno en mangas de camisa sin ningún recato y encima una camisa con dos tallas menos de la que lleva, lo que resulta horrible. Solo tendría que mirar a su derecha y ver como viene vestido el secretario de la Corporación- podría aprender mucho-
He dicho hasta la saciedad, que a mi como vista Juan A. Peña me importa un pepino, pero si como lo hace el Alcalde porque es el embajador de Telde, su imagen en fotos oficiales, prensa o recepciones proyecta una sensación de seriedad y estabilidad (o lo contrario) hacia el exterior.
La autoridad no solo se ejerce, sino que también se debe representar visualmente. Si se pierde la forma, a veces se corre el riesgo de que se pierda también el respeto al fondo de la institución.
Ya se lo dijo el experto en Protocolo Ángel García en muchas ocasiones, que “históricamente, el atuendo ha servido para identificar el rol de cada uno. Si el alcalde viste igual que sin el debido rigor, para muchos ciudadanos se desdibuja la autoridad que debería proyectar en el Salón de Plenos”, lógicamente a la vista está no hizo caso.
La conclusión que una saca es que practica el populismo estético, buscando la imagen de de «hombre del pueblo» o «sencillo» para empatizar con ciertos sectores, aunque a menudo el tiro sale por la culata porque se percibe como una falta de respeto a institución que preside.
Lo que está en juego no es solo si el Alcalde lleva corbata o no, sino si la «estética de la cercanía» puede sostenerse en el tiempo si no va acompañada de una gestión administrativa eficiente que resuelva los problemas históricos del municipio. MC







