Si quienes durante días alimentaron esta polémica estaban convencidos de la gravedad de los hechos, tenían una magnífica oportunidad para demostrarlo públicamente. Bastaba con plantear una pregunta, solicitar explicaciones o promover un debate institucional. No ocurrió

Hay una pregunta que cualquier ciudadano puede hacerse tras el Pleno ordinario celebrado hoy en el Ayuntamiento de Telde: ¿qué pasó con el denominado «cardonicidio»?

Durante días, un medio pagado con dinero público a través la empresa pública Gestel, convirtió este asunto en el eje de la actualidad municipal. La polémica ocupó titulares, publicaciones y comentarios, generando la impresión de que nos encontrábamos ante uno de los mayores escándalos recientes. A esa corriente se sumaron dirigentes del PSOE, Nueva Canarias y quienes acostumbran a erigirse en guardianes exclusivos del ecologismo, siempre muy activos cuando la controversia ofrece rédito político.

Sin embargo, cuando llegó el momento de trasladar ese debate al lugar donde corresponde, el Salón de Plenos del Ayuntamiento, el asunto desapareció por completo. Ni mociones, ni preguntas, ni interpelaciones, ni exigencias de responsabilidades. Absolutamente nada.

Y ese silencio resulta tan elocuente como el ruido previo.

Porque la función de la oposición no consiste únicamente en hacer declaraciones a través de determinados medios de comunicación o en amplificar campañas en redes sociales. Su principal obligación es fiscalizar al gobierno desde las instituciones, utilizando los mecanismos democráticos que ofrece el Pleno municipal.

Si quienes durante días alimentaron esta polémica estaban convencidos de la gravedad de los hechos, tenían una magnífica oportunidad para demostrarlo públicamente. Bastaba con plantear una pregunta, solicitar explicaciones o promover un debate institucional. No ocurrió.

Da la impresión de que algunos responsables políticos se sienten más cómodos participando en juicios paralelos que defendiendo sus posiciones frente a frente, con luz y taquígrafos. Es más sencillo alimentar un titular que sostener una acusación con argumentos en el órgano donde reside la representación democrática de todos los ciudadanos.

Fiscalizar la actuación de un cargo público no solo es legítimo, sino necesario. Nadie discute ese principio. Pero existe una enorme diferencia entre ejercer el control político y contribuir a una campaña de descrédito sin que posteriormente exista la voluntad de defender esas acusaciones en el foro institucional adecuado.

La política necesita menos escenificación y más valentía. Menos ruido y más debate. Menos titulares efectistas y más intervenciones fundamentadas.

Porque cuando un asunto se presenta durante días como un escándalo de enormes dimensiones y, llegado el Pleno, desaparece sin dejar rastro, es inevitable preguntarse si realmente existía una voluntad de esclarecer los hechos o si, por el contrario, el objetivo era simplemente desgastar públicamente a un cargo municipal.

Mientras tanto, Telde continúa acumulando problemas mucho más graves que sí merecen ocupar el tiempo del Pleno: el deterioro de los servicios públicos, la pérdida de financiación para proyectos estratégicos, el estado de numerosos barrios, el mantenimiento del patrimonio, la contratación municipal o las dificultades que afectan al día a día de miles de vecinos.

La ciudadanía espera que sus representantes políticos debatan esos asuntos con rigor, transparencia y valentía. Lo demás corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de política-espectáculo, donde el titular sustituye al argumento y el juicio mediático pretende ocupar el lugar que corresponde al debate democrático.

Porque el verdadero escenario de la política municipal no son las redes sociales ni los titulares de un periódico. Es el Salón de Plenos. Y quien no está dispuesto a defender allí sus posiciones difícilmente puede reclamar credibilidad cuando alimenta polémicas fuera de él.