En Telde la pobreza no aparece ya como un problema coyuntural, sino como una realidad estructural ligada a varios factores que se mantienen en el tiempo
Telde atraviesa una situación social cada vez más preocupante. El aumento visible de personas durmiendo en calles, plazas, cajeros y espacios públicos evidencia que la pobreza y el sinhogarismo ya no son fenómenos aislados, sino una realidad estructural que se cronifica en el municipio.
Vecinos de distintas zonas del casco urbano, San Gregorio, La Garita y Jinámar denuncian que la presencia de indigentes pernoctando en la vía pública se ha incrementado notablemente en los últimos años, reflejando el deterioro social que vive una parte importante de la población teldense.
Aunque muchos informes hablan del conjunto de Canarias, Telde refleja de forma muy clara esa situación por su peso demográfico, sus desigualdades internas y la persistencia del desempleo y la precariedad en determinados barrios.
El problema va mucho más allá de la imagen urbana. Detrás de cada persona que duerme en la calle existe una combinación de desempleo, alquileres inasumibles, problemas de salud mental, ruptura familiar y ausencia de recursos suficientes para garantizar una atención digna y continuada.
La normalización de esta situación resulta especialmente grave. Cada vez más ciudadanos se acostumbran a convivir diariamente con escenas de exclusión extrema sin que exista una respuesta institucional proporcional a la magnitud del problema.
La situación de pobreza y sinhogarismo que vive Telde no puede entenderse sin un dato especialmente preocupante: el municipio figura desde hace años entre los ayuntamientos con menor inversión social de España y es uno de los peores situados de Canarias en gasto destinado a servicios sociales.







