El Alcalde no dedica su esfuerzo a implementar unos presupuestos acordes a la ciudad de Telde, todo su tiempo lo dedica a la «política de eventos y fotos» y no a la compleja ingeniería financiera que requiere un presupuesto de 120 millones de euros
Mientras que Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife y La Laguna ya tienen sus presupuestos de 2026 aprobados y actualizados, el Ayuntamiento de Telde, bajo la gestión de Juan Antonio Peña, lleva camino de nuevamente recurrir a la prórroga automática de las cuentas.
Lo más llamativo de la etapa de Peña es que a pesar del superávit y ahorros millonarios (remanentes), no logra transformarlos en un presupuesto en tiempo y forma. Sin un presupuesto nuevo, es mucho más complejo encajar grandes obras de infraestructura o subvenciones nuevas, ya que el dinero está «atado» a la estructura del año anterior.
La oposición ha empezado a elevar el tono, señalando que mientras el presupuesto no se aprueba, se destinan partidas mediante modificaciones de crédito para eventos y fiestas (como el reciente «Telde Enamora 2026»), lo cual genera un fuerte debate sobre las prioridades del grupo de gobierno.
Aunque el gobierno de Telde tiene mayoría, la elaboración de un presupuesto exige una coordinación entre concejalías que parece no estar funcionando al ritmo necesario porque muchas áreas no presentan sus necesidades a tiempo o con la memoria técnica requerida.
Suena a manido el argumento del Alcalde de la «herencia recibida» o la «falta de personal» pierde fuerza cuando ciudades con problemas similares de burocracia sí logran sacar sus cuentas adelante. La prórroga se percibe ya no como un problema técnico, sino como una falta de liderazgo político para marcar prioridades.
Al no tener presupuesto nuevo, el grupo de gobierno de Peña tiene que llevar al Pleno modificaciones de crédito constantes para poder usar el dinero. Esto ralentiza la administración, se pierde más tiempo aprobando «parches» que ejecutando obras reales en los barrios.
El Alcalde no dedica su esfuerzo a implementar unos presupuestos acordes a la ciudad de Telde, todo su tiempo lo dedica a la «política de eventos y fotos» y no a la compleja ingeniería financiera que requiere un presupuesto de 120 millones de euros.
Mientras el presupuesto sigue en el aire, la ciudad funciona por inercia, pero los grandes proyectos de transformación urbana o la mejora estructural de los servicios sociales quedan legalmente bloqueados.







