Porque resulta curioso que quienes más presumen de independencia sean precisamente quienes mantienen relaciones económicas, publicitarias o contractuales con el Ayuntamiento de Telde o empresas vinculadas al entorno municipal. Y claro, después pasa lo que pasa: titulares escritos a medida, enemigos señalados previamente y noticias donde la opinión del redactor termina pesando más que la propia declaración judicial
El periodismo tiene una frontera muy clara: informar o fabricar relatos. Y cuando un supuesto “periodista” mezcla algunas frases reales de una declaración judicial con interpretaciones propias, insinuaciones interesadas y titulares que jamás salieron de boca de la testigo, ya no estamos hablando de información. Estamos hablando de otra cosa. De propaganda disfrazada de noticia.
Porque cualquiera que lea con detenimiento la declaración de la ingeniera Catalina Lourdes Naranjo Santana comprobará rápidamente que en ningún momento afirmó muchas de las conclusiones políticas y acusatorias que luego algunos han querido vender en titulares sensacionalistas. Lo que existe en sede judicial es una declaración técnica sobre cómo se encargó un proyecto de emergencia para llevar agua a familias que se habían quedado sin suministro en 2022. Punto. Lo demás son interpretaciones interesadas adornadas para construir un relato político determinado.
Y aquí es donde muchos en Telde empiezan ya a preguntarse algo muy serio: ¿desde cuándo algunos “medios” locales dejaron de ejercer el periodismo para convertirse en oficinas auxiliares de determinados gobiernos municipales?
Porque resulta curioso que quienes más presumen de independencia sean precisamente quienes mantienen relaciones económicas, publicitarias o contractuales con el Ayuntamiento de Telde o empresas vinculadas al entorno municipal. Y claro, después pasa lo que pasa: titulares escritos a medida, enemigos señalados previamente y noticias donde la opinión del redactor termina pesando más que la propia declaración judicial.
El problema no es solo el titular. El problema es la manipulación del contexto.
La ingeniera explicó que “recibió una adjudicación de la Junta de Gobierno Local en plena crisis de abastecimiento de agua”.
Explicó además que “posteriormente, tras esta adjudicación, realizó el proyecto y que este no se encareció ni un euro durante la ejecución de la obra. Utilizó para la redacción del proyecto un documento de trabajo —una memoria valorada— que le facilitó Aguas de Telde, realizado meses antes del encargo de la Junta de Gobierno y que se encontraba desactualizado y sin incluir precios de mercado para este tipo de actuaciones”.
Explicó también que “las ampliaciones técnicas realizadas para llegar a más afectados se encontraban justo en las mismas zonas donde se desarrolló el proyecto y que en ningún caso supusieron un aumento de coste. El proyecto siempre fue de 912.636,45 euros y no subió ni un céntimo durante la realización de la obra”.
Querer construir un relato de culpabilidad política automática tergiversando una declaración técnica es un abismo que algunos decidieron cruzar alegremente… y que posiblemente les terminará pasando factura.
Por último, la ingeniera afirmó rotundamente que el concejal nunca la llamó para que aumentara el coste del proyecto. El coste del proyecto fue el mismo desde el principio hasta el final.
Y lo más llamativo es que quienes ahora intentan presentar aquella actuación como una especie de conspiración urbanística parecen olvidar convenientemente una cuestión básica: en aquel momento había familias sin agua. Familias reales. Vecinos reales. Personas que necesitaban una solución inmediata mientras la burocracia administrativa caminaba a velocidad de tortuga.
Pero claro… eso vende menos que fabricar un titular con aroma a escándalo.
En Telde ya hay quien comenta con ironía que algunos redactores ni siquiera esperan a que hablen los jueces. Les basta una declaración parcial, un par de frases sacadas de contexto y la llamada adecuada para montar una película completa. Y todo ello mientras después presumen de “periodismo de investigación”, cuando en realidad muchas veces parecen simples altavoces de intereses políticos concretos.
Porque si algo demuestra este asunto es que una cosa es informar de una investigación judicial y otra muy distinta intentar dirigir mediáticamente una condena pública antes de tiempo.
Y mientras tanto, los ciudadanos observan. Observan cómo ciertos “medios” atacan siempre a los mismos, protegen siempre a los mismos y convierten cualquier declaración técnica en un arma política cuando conviene.
Quizá por eso cada vez más vecinos de Telde ya no preguntan qué ocurrió realmente en determinados casos. La pregunta que empieza a escucharse en la calle es otra mucho más incómoda:
¿Quién escribe realmente algunos titulares en esta ciudad en esos “medios” en concreto.
Juan Santana, periodista y locutor de radio







