Coincidiendo con el Día Internacional de la Enfermería de Salud Mental, el Colegio de Enfermería de Las Palmas, recuerda que Canarias apenas cuenta con 300 especialistas para cuidar a las más de 325.000 personas que podría haber en el archipiélago con algún tipo de sufrimiento psíquico

Cada 1 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Enfermería de Salud Mental, con motivo del aniversario del nacimiento de Hildegard Peplau (1909-1999), enfermera estadounidense reconocida internacionalmente como madre de la enfermería psiquiátrica. La celebración invita a reconocer el valor de una profesión que durante décadas ha estado al lado de las personas, acompañando el sufrimiento psíquico, promoviendo la recuperación y defendiendo una atención más humana, cercana y digna.

Coincidiendo con este día, el Colegio de Enfermería de Las Palmas (CELP) ha hecho público un manifiesto en el que recuerda que “la Salud mental constituye uno de los mayores retos de salud pública del siglo XXI”. “Los trastornos mentales representan una de las principales causas de discapacidad y continúan condicionando la calidad de vida de miles de personas y de sus familias”, señala el manifiesto.

Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente 1 de cada 7 habitantes del planeta vive con un trastorno mental, lo que supone alrededor de 1.100 millones de personas en todo el mundo. Extrapolando esta proporción, la cifra podría ascender en Canarias a más de 325.000 personas con algún tipo de sufrimiento psíquico, lo que hace “imprescindible reforzar los recursos especializados y avanzar hacia un modelo de atención comunitario, preventivo y centrado en las personas”.

El CELP destaca que, pese a que “las necesidades de cuidados en salud mental continúan aumentando, especialmente entre la población infantojuvenil”, Canarias apenas cuenta con 300 enfermeras especialistas en Salud Mental. “No solo es necesario incrementar el número de profesionales”, destaca el manifiesto, “sino también garantizar que las enfermeras especialistas puedan ejercer plenamente las competencias para las que han sido formadas”. Según el CELP, “la sobrecarga asistencial, la insuficiencia de recursos y la falta de reconocimiento específico continúan dificultando el desarrollo de unos cuidados especializados que la ciudadanía canaria necesita y merece”.

Confianza, empatía y seguridad terapéutica

La organización colegial recuerda que las enfermeras especialistas en Salud Mental cuentan con cuatro años de formación universitaria más otros dos años de especialización profesional, en los que adquieren competencias específicas y avanzadas para responder a las necesidades complejas de las personas a lo largo de todas las etapas de la vida. Cuidan la salud física, psicológica, emocional y social de las personas, detectan precozmente el sufrimiento psíquico, realizan seguimiento terapéutico, promueven el autocuidado, acompañan los procesos de recuperación y ofrecen apoyo a las familias y personas cuidadoras. Desarrollan un enfoque integral que contempla no solo la enfermedad, sino también los factores familiares, sociales, culturales y comunitarios que influyen en la salud mental. 

Las enfermeras especialistas aportan seguridad emocional, confianza terapéutica y una atención integral centrada en la persona, porque cada proceso de recuperación necesita tiempo, acompañamiento y cuidados especializados. Su capacidad para establecer relaciones de confianza, empatía y seguridad terapéutica constituye una herramienta clínica esencial que humaniza la atención, favorece la adherencia a los tratamientos y mejora los procesos de recuperación. “Reconocer la especialidad no es una reivindicación corporativa”, afirma el manifiesto. “Es una garantía para la ciudadanía”. 

Acompañar en el sufrimiento psíquico

El CELP reivindica un modelo de atención en Salud Mental que sitúe a la persona en el centro, en el que la prevención tenga un papel protagonista, la atención comunitaria sea una prioridad y los cuidados sean reconocidos como un elemento esencial del sistema sanitario. Un modelo en el que ninguna persona tenga que afrontar su sufrimiento en soledad. “Cuidar la salud mental es defender la dignidad humana, porque detrás de cada diagnóstico siempre hay una persona que merece ser escuchada, comprendida y acompañada” y porque “una sociedad que cuida su salud mental es una sociedad más justa, más saludable y más humana”, concluye el manifiesto.