Cuando un alcalde no responde con claridad a una acusación de esta naturaleza, no se protege, se delata políticamente. No despeja dudas, las multiplica. No fortalece la confianza pública, la revienta. Eludir una respuesta ante una posible gestión opaca del dinero público no es una travesura dialéctica. Es una forma de despreciar a la ciudadanía
Lo verdaderamente escandaloso no es solo la denuncia. Lo insoportable es la respuesta. En el Pleno municipal de este viernes, Telde asistió a una escena ya demasiado conocida en la política local. Una acusación gravísima sobre la mesa y un alcalde incapaz de contestar lo único que importaba. La pregunta era directa, limpia, imposible de malinterpretar. ¿Se pagaron premios de la Gala Drag del Carnaval 2025 en sobres con dinero en metálico, sí o no? Y Juan Antonio Peña, una vez más, eligió el atajo del político acorralado, no responder, embarrar el terreno y señalar hacia atrás para no dar la cara en el presente.
Eso fue exactamente lo que ocurrió cuando Héctor Suárez llevó al Pleno la denuncia lanzada en el programa El Pulso, de Juan Santana en Onda Guanche, por Aran Armas, presidente del Colectivo Drag en Gran Canaria, Drag Equinox. Lo denunciado no era un chisme de pasillo ni una rencilla de carnaval. Era una acusación demoledora, que los premios de la Gala Drag del pasado año se pagaron seis meses tarde y se entregaron en sobres con dinero en efectivo.
No estamos hablando de una irregularidad menor. Estamos hablando, presuntamente, de una práctica incompatible con cualquier administración seria, limpia y sometida a control. Dinero público, premios municipales, pagos en metálico, sobres, retrasos de medio año. Cada palabra empeora la anterior. Cada silencio del alcalde agrava la sospecha.
Y frente a eso, Peña no aclaró nada
Ni negó de forma tajante la existencia de esos sobres. Ni explicó el procedimiento seguido. Ni exhibió expediente alguno. Ni detalló quién autorizó qué. Ni aportó un solo dato para desmontar una denuncia que, de ser falsa, debería haber sido desmentida en el acto y con absoluta contundencia. En vez de eso, optó por la vieja táctica del dirigente que no tiene defensa sólida: el “y tú más”, el retrovisor, la huida hacia el pasado, el barro como coartada. Es una respuesta miserable desde el punto de vista político. Y peligrosísima desde el punto de vista institucional.
Porque cuando un alcalde no responde con claridad a una acusación de esta naturaleza, no se protege, se delata políticamente. No despeja dudas, las multiplica. No fortalece la confianza pública, la revienta. Eludir una respuesta ante una posible gestión opaca del dinero público no es una travesura dialéctica. Es una forma de despreciar a la ciudadanía.
Conviene recordarlo con toda crudeza, el Ayuntamiento no es una ‘Peña’ de amigos, ni una caja de favores, ni una verbena sin reglas. Es una institución obligada a rendir cuentas hasta el último céntimo. Y si alguien denuncia que hubo pagos en sobres y en efectivo, la obligación del gobierno no es ofenderse ni buscar refugio en los pecados ajenos. La obligación del gobierno es enseñar papeles, abrir expedientes, dar nombres y explicar procedimientos. Así funciona una democracia decente. Así funciona una administración limpia. Así debería funcionar Telde.
Pero Telde lleva demasiado tiempo atrapada en una política de reflejos cutres, de evasivas de saldo y de dirigentes que creen que gobernar consiste en sobrevivir a la pregunta, no en responderla. Peña ha vuelto a confirmar ese modelo, mucha escenografía, mucha indignación selectiva y una alarmante alergia a la transparencia cuando el foco apunta a su propia gestión.
Y aquí ya no basta con decir que “se investigará” o que “no hay que hacer ruido”. Aquí hace falta una explicación inmediata y completa. Hace falta saber si existieron esos pagos, cómo se hicieron, con qué cobertura administrativa, con qué fiscalización y bajo la autorización de quién. Hace falta determinar responsabilidades políticas, y si corresponde, también administrativas. Hace falta poner luz donde ahora mismo solo hay sombras.
Porque si la denuncia es falsa, hay que desmontarla con documentos y de forma fulminante. Pero si tiene base, estaríamos ante un escándalo mayúsculo que nadie puede intentar tapar con tacticismo de cuarta división. Lo intolerable no es solo la sospecha del sobre. Lo intolerable es el hedor a impunidad que desprende la falta de respuesta.
Telde no necesita un alcalde que se enfade cuando le preguntan. Necesita un alcalde que conteste. Y cuando ni siquiera eso ocurre, lo que queda no es gestión, es un búnker.
Florentino López Castro, formado en periodismo por la Universidad Internacional Isabel I de Castilla y es director de ONDA GUANCHE







