A estos concejales de Ciuca – Primero Canarias, ni se les ve en la «pega» ni se les espera en los expedientes farragosos. «No dar un palo al agua» ha dejado de ser una crítica para convertirse en el modus operandi de quienes solo se activan cuando brilla el flash de la cámara
En la fauna política, como en la naturaleza, el tamaño del depredador no siempre depende de su fuerza, sino de su falta de escrúpulos. Lo que estamos presenciando en el Ayuntamiento de Telde no es gestión pública; es un “sainete” donde la mediocridad se ha convertido en la única estrategia de supervivencia. Ante la ausencia de talento y la incapacidad de gestión, el alcalde y su grupo han optado por la salida más cínica, el vampirismo político.
El espectáculo es, cuanto menos, dantesco. Basta con asomarse a las redes sociales de la Alcaldía y los concejales de su grupo para observar cómo la realidad se deforma bajo el filtro de Instagram. El caso del plan de asfaltado merece una mención especial en los anales de la desfachatez.
Proyectos que han costado meses de sudor, negociaciones técnicas y gestión directa por parte de los socios de gobierno son presentados como éxitos exclusivos de la marca Ciuca – Primero Canarias.
Sin rubor, sin mención al socio y sin reconocer el trabajo ajeno, el alcalde y sus concejales posan con una sonrisa ensayada frente a una obra que apenas sabe explicar. Es la cleptomanía pública en su estado puro, apropiarse del mérito ajeno porque las alforjas propias están vacías.
A estos concejales de Ciuca – Primero Canarias, ni se les ve en la «pega» ni se les espera en los expedientes farragosos. «No dar un palo al agua» ha dejado de ser una crítica para convertirse en el modus operandi de quienes solo se activan cuando brilla el flash de la cámara.
Esta mediocridad es, paradójicamente, muy estratégica. Al evitar las áreas de conflicto, el grupo del alcalde elude el desgaste. Se reservan el papel de maestros de ceremonias, permitiendo que sean sus socios quienes bajen al barro, lidien con las quejas vecinales y resuelvan los problemas reales. Es una forma de parasitismo institucional que desvirtúa cualquier pacto de gobierno. El «tiburón» de este acuerdo no muerde por hambre de mejorar el municipio, sino por el pánico que le produce que se descubra que, tras el logo, no hay absolutamente nada.
Un gobierno de coalición debería ser una sinergia; aquí se ha convertido en una digestión. Se está devorando la lealtad institucional en el altar de la incapacidad personal. Sin embargo, este festín de méritos robados tiene fecha de caducidad. El canibalismo político es una carrera de corta distancia que solo deja tierra quemada. Nadie está dispuesto a sudar la camiseta indefinidamente para que otro se cuelgue la medalla en un reel de 15 segundos.
El alcalde y su grupo juegan a ser los más listos de la clase entregando los deberes de los demás. Pero la política tiene memoria. La vergüenza que hoy les falta será la relevancia que les falte mañana. El tiempo pondrá a cada uno en su sitio, a los que trabajan, en el recuerdo de su gestión, y a los depredadores de redes sociales, en la papelera de reciclaje de la historia local.ondaguanche.com







