Un proyecto social que marcó una época y que hoy muchos vecinos perciben agotado bajo la dirección política de Francisco Atta
olítica local hay momentos que funcionan como síntoma. No son grandes escándalos ni titulares estridentes, pero permiten observar algo más profundo: la pérdida de rumbo de un proyecto político que durante décadas marcó la vida de un municipio.
Eso es lo que empieza a percibirse en Valsequillo con el debate reciente sobre la gestión de residuos en barrios como Las Casas y Era de Mota.
El episodio comenzó con un vídeo difundido por Natalia Ramírez, vinculada a ASBA–Primero Canarias, en el que se denunciaban distintos problemas en el barrio de Las Casas: acumulación de enseres, restos de podas en los contenedores, mala hierba y la presencia de planchas de uralita con posibles implicaciones sanitarias.
Denunciar problemas forma parte de la acción política, especialmente desde la oposición. Sin embargo, en el propio vídeo aparece una frase que resume bien la contradicción: ‘llevamos meses diciéndolo’.
Si realmente se lleva meses advirtiendo de la presencia de residuos peligrosos, surge una pregunta lógica: ¿por qué el escrito formal al Ayuntamiento se anuncia ahora ‘en breve’? Cuando se habla de riesgos sanitarios, lo razonable es actuar primero por los cauces institucionales y después explicarlo públicamente.
Poco después, desde la Asociación de Vecinos de Era de Mota, presidida por Moisés del Pino, se comenzó a repartir un aviso casa por casa recordando algo que también es evidente: muchos de los residuos que aparecen en la vía pública no llegan solos.
Son fruto de comportamientos incívicos de quienes depositan enseres o restos de obra donde no corresponde, a pesar de existir servicios gratuitos de recogida.
De este modo aparecieron dos narrativas distintas para explicar el mismo problema: una centrada en el abandono institucional y otra en la responsabilidad vecinal.
Cuando dentro de un mismo entorno político conviven discursos distintos sobre el origen de un problema, lo que queda al descubierto no es solo una cuestión de limpieza urbana. Lo que aparece es una falta de coherencia política.
Durante más de cuatro décadas ASBA ha sido la fuerza determinante en la política de Valsequillo. Nació como un proyecto social profundamente arraigado en el municipio y conectado con la vida de los barrios.
Sin embargo, con el paso del tiempo ese proyecto ha ido perdiendo parte de su esencia. Muchos vecinos perciben hoy que aquel proyecto social que dio origen a ASBA ha venido claramente a menos bajo la dirección política de Francisco Atta.
Precisamente por esa trayectoria histórica, las contradicciones actuales pesan más. Un proyecto político que ha marcado el rumbo del municipio durante tanto tiempo no puede comportarse como si los problemas acabaran de aparecer ayer.
La cuestión de fondo es otra: qué rumbo quiere seguir ASBA–Primero Canarias en Valsequillo.
Después de cuarenta años marcando la dirección del municipio, la ciudadanía espera algo sencillo: claridad en el diagnóstico y seriedad en las propuestas.
Manuel Afonso; analista político







