Una cosa es pregonar y otra dar trigo. Pero hay que tener vergüenza (o poca) para tratar de vender motos de gasoil. Si se sostiene como cierto que el papel aguanta todo lo que un político suelte por su boquita, el micrófono de cualquier medio sufre idéntico castigo, aunque las preguntas del comunicador sean incisivas y cargadas de interés. Es lo que pasó en el último programa de ‘El Pulso’, de Juan Santana, con la casi sonrojante intervención del alcalde de Telde, que apenas asume responsabilidad alguna en no haber solucionado en más de dos años y medio, ninguno de los graves problemas de este municipio

Hay concejales fuertes, exigentes, perseverantes en la defensa del bien general, sobre todo cuando están en la oposición, pero que se convierten en blandengues, miran para otro lado y no ponen interés en solucionar asuntos de primer orden para los ciudadanos. Ese es el caso de Juan Antonio Peña, que era un concejal rígido y ahora es un alcalde blando y timorato, no sé si por convicción propia o por directrices de la organización política a la que pertenece, que se ha transfugado a PCM.

En los casi 3 años que lleva Peña al frente del Ayuntamiento de Telde ha quedado claro que una cosa es pregonar y otra distinta dar trigo. Con todas las excusas que se quieran poner a cualquier análisis, hay que tener vergüenza (o poca) para tratar de ‘vender motos de gasoil’. Si se sostiene como cierto que el papel aguanta todo lo que un político suelte por su boquita, el micrófono de cualquier medio sufre idéntico castigo, aunque las preguntas del comunicador sean incisivas y cargadas de interés. Es lo que pasó en el último programa de ‘El Pulso’, de Juan Santana, con la casi sonrojante intervención del alcalde de Telde, que apenas asumió responsabilidad alguna en no haber solucionado en más de dos años y medio, ninguno de los graves problemas de este municipio. 

En la exposición y enumeración de la amplia problemática municipal por parte del conductor del programa, el alcalde se convirtió en mejor defensa que Tonono o Beckenbauer en su época. Sólo le faltó tirar voladores al final del programa para autocelebrar “lo bien que he estado”. No hizo gala alguna de autocrítica pese a decir que la practicaba, todo lo fió a compromisos sin fecha, y no se acordaba incluso de cosas que había prometido en campaña. 

Vendió como si fuera una panacea un plan de asfaltado más que deficiente en un municipio lleno de baches, socavones y casi barranquillos en el asfalto; da igual por qué extremo del territorio empiecen a analizarlo, salvando Salinetas y Clavellinas, que ya se encargó el ex virrey Sergio Ramos de pasar las máquinas del piche por sus zonas de influencia. Es cierto que hay zonas de responsabilidad insular, pero tiene la obligación de ir de ‘martillo pilón’ a Casa Palacio, que para eso tiene allí al ‘padrino Teo’, también tránsfuga de su compromiso con NC e ilusionista celestial de ‘Primero no se sabe qué’. 

Echó balones fuera hasta decir basta con la desgraciada zona de Melenara, a quien todos los gobernantes parecen tener fobia y no consideró importante interesarse por los problemas graves de un empresario del municipio que se siente perseguido por una parte de la institución. Lo lógico es que un dirigente político de su nivel (que ya empieza a cuestionarse por su proceder) se interese en mantener a una empresa que genera riqueza al municipio. Distinto rasero utiliza, por ejemplo, con los empresarios que gestionan, por concesión de 40 años, el polideportivo de La Barranquera, y que hacen caso omiso al pacto de establecer unas tarifas más sociales. Mercado Municipal, Polideportivo Paco Artiles, aparcamientos de Arnao y San Juan y no sé cuántos asuntos más que  pasó de puntillas, como si nada. 

La forma de gestión de Juan Antonio Peña es, sin duda, obstruccionista para el propio municipio. Es el ejemplo más exclusivo del filibustero que perjudica a su propio territorio y por ende a sus ciudadanos. Todo se basta en alargar decisiones y soluciones con maniobras poco entendibles, más allá del marketing que le acompaña. Igual es táctica ciuquera para intentar repetir en 2027 y prometer acabar lo inconcluso; para entonces no descarten que hasta su partido se desgaje de Primero Canarias. La cuestión es ir dilatando, mientras otros le crean. 

Antonio Sánchez (periodista)