Estas conmemoraciones se limitan, en la mayoría de los casos, a gestos simbólicos como la iluminación del edificio consistorial con el color correspondiente a la causa del día. Una práctica que, por repetida, ha perdido todo su valor y comienza a interpretarse como un mero ejercicio de autopromoción institucional

En este mandato presidido por Juan A. Peña, ha sido una constante la reiterada adhesión del Ayuntamiento de Telde a todo tipo de “días mundiales” que son solo la política de imagen en detrimento de la gestión real.

Lejos de traducirse en acciones concretas, inversión o políticas públicas sostenidas, estas conmemoraciones se limitan, en la mayoría de los casos, a gestos simbólicos como la iluminación del edificio consistorial con el color correspondiente a la causa del día. Una práctica que, por repetida, ha perdido todo su valor y comienza a interpretarse como un mero ejercicio de autopromoción institucional.

La acumulación de campañas sin contenido efectivo plantea una cuestión de fondo: ¿qué hay detrás de cada adhesión más allá de una fotografía y una publicación en redes sociales? No existe una correlación entre los mensajes que se difunden y las medidas que realmente se implementan en áreas clave como medio ambiente, sanidad o igualdad.

Apoyar una causa no es iluminar una fachada durante unas horas, sino trabajar todo el año con recursos, planificación y resultados, lo demás es postureo.

La ciudadanía exige menos gestos vacíos y más políticas públicas tangibles. Porque cuando la comunicación sustituye a la gestión, el compromiso institucional deja de ser creíble.