Porque la realidad es que el simple anuncio del proyecto de Onalia Bueno ha provocado más movimiento interno que tres congresos de partidos y dos cambios de gobierno juntos. En ciertos sectores políticos ya han activado el “modo nerviosismo”: reuniones discretas, llamadas cruzadas, cafés urgentes y asesores sacando calculadoras como si estuvieran descifrando la quiniela del domingo
Nadie sabe ya si el retortijón político viene del virus, de las encuestas… o de los propios compañeros de partido. En Telde hay políticos que ya no distinguen si el retortijón que sienten desde hace días es por el posible desembarco electoral de Onalia Bueno con su proyecto “Bueno para Telde”… o por escuchar otra vez a Fernando Simón diciendo aquello de “tranquilidad, no será un problema”.
Porque claro, después de la experiencia nacional con las famosas ruedas de prensa pandémicas, en cuanto Simón pide calma, más de uno empieza a almacenar papel higiénico, gofio, agua y tila del Mercadona. Y si encima coincide con el anuncio político de Onalia Bueno mirando hacia Telde en 2027, el cóctel ya es explosivo.
En algunos despachos municipales cuentan que el ambiente está más cargado que un pleno con micrófonos abiertos. Hay concejales que, al escuchar “Bueno para Telde”, han empezado a sudar más que un pingüino en Jinámar en agosto. Otros directamente preguntan si el hantavirus afecta también a las encuestas electorales.
Porque la realidad es que el simple anuncio del proyecto de Onalia Bueno ha provocado más movimiento interno que tres congresos de partidos y dos cambios de gobierno juntos. En ciertos sectores políticos ya han activado el “modo nerviosismo”: reuniones discretas, llamadas cruzadas, cafés urgentes y asesores sacando calculadoras como si estuvieran descifrando la quiniela del domingo.
Y por si el retortijón político no era suficiente con Onalia Bueno, el hantavirus y Fernando Simón repartiendo tranquilidad —que es casi peor que repartir mascarillas caducadas—, aparece el propio presidente de CIUCA y le deja al alcalde Juan Antonio Peña un recado envuelto en papel institucional, pero con olor a toque de atención.
Aquello de que “hay cuestiones que el alcalde gestiona de una manera y el partido de otra” no suena precisamente a aplauso cerrado ni a ramo de flores en la puerta de Alcaldía. Suena más bien a aviso interno, a colleja política con guante blanco, a ese “Juan Antonio, baja un cambio” que nadie dice en público, pero que todos entienden en privado.
Porque cuando el propio presidente de CIUCA deja caer que algunas actuaciones políticas y mediáticas no siempre han sido compartidas ni consensuadas con el partido, el mensaje es bastante claro: una cosa es formar parte del mismo proyecto y otra muy distinta es tragarse sin agua todas las decisiones, fotos, titulares y ocurrencias del gallinero municipal.
En Telde, donde hasta una farola fundida puede acabar convertida en crisis política, estas palabras han sonado como otro síntoma más de ese virus electoral que empieza a recorrer los despachos: el virus del 2027. Y ese, a diferencia del hantavirus, sí se contagia rápido entre concejales, asesores y partidos con hambre de futuro.
Mientras tanto, en la calle la gente observa el espectáculo con bastante humor. Hay vecinos que aseguran que en Telde no hace falta ningún virus raro para generar alarma: basta con una encuesta, un audio filtrado, una candidatura nueva o una frase interna mal digerida para que algunos entren en fase de supervivencia política.
Los más veteranos recuerdan que en política municipal el miedo no suele venir de los virus, sino de las urnas. Y eso sí que no tiene vacuna.
En corrillos políticos ya circula la teoría de que algunos dirigentes locales están mezclando síntomas.
—“¿Qué tienes?”
—“No sé… ansiedad, presión en el pecho y sudores fríos.”
—“Eso no es hantavirus.”
—“¿Entonces?”
—“Puede ser una encuesta interna… o una declaración del presidente del partido.”
Y claro, el problema aumenta cuando aparece Fernando Simón diciendo que no hay motivo de alarma. Ahí ya media corporación municipal mira el calendario electoral con pánico escénico.
Porque si algo ha aprendido España en los últimos años es que cuando Simón pronuncia la palabra “tranquilidad”, la gente empieza a inquietarse… y cuando Onalia Bueno anuncia movimientos políticos, en Telde más de uno empieza directamente a buscar bicarbonato.
Pero ahora hay un ingrediente más: el toque político interno a Juan Antonio Peña. Un toque suave en la forma, pero bastante sonoro en el fondo. De esos que no rompen nada de inmediato, pero sí dejan claro que dentro de la misma casa no todos quieren seguir comiendo del mismo plato sin preguntar quién puso el menú.
Mientras tanto, los ciudadanos contemplan esta tragicomedia local entre risas, memes y comentarios de cafetería. Porque Telde tiene algo especial: aquí cualquier rumor político provoca más conversaciones que un derbi canario entre Las Palmas y el Tenerife, y más tensión que encontrar aparcamiento en San Gregorio un viernes a las 10 de la mañana.
Al final, la conclusión parece clara: el verdadero virus en Telde no es el hantavirus. El auténtico brote que preocupa en algunos despachos municipales se llama 2027. Y para eso, de momento, no hay vacuna… aunque sí mucho suero político, toneladas de manzanilla y más de uno carraspeando antes de que llegue la fiebre electoral.
Juan Santana, periodista y locutor de radio







