La primera medida de su nuevo «mandato» eclesiástico no ha sido el ayuno ni la oración, sino una reforma estética radical. Olviden el lino fino y la sobriedad neoclásica: el altar lució hace unos días en el altar mayor un mantel hecho de flamante patchwork. Este estilo de «retales» simboliza perfectamente la trayectoria de su protagonista: un poquito de aquí, un poquito de allá, y un mucho de querer dar la nota
En Telde los acontecimientos dan un giro que ni el mejor guionista de telenovelas habría previsto, el barrio de San Gregorio asiste atónito a la última «reencarnación» política de la ciudad. Tras su salida forzosa de las dependencias municipales por orden del Alcalde —quien parece que ya tuvo suficiente ración de «lincismo»—, el popularmente conocido como «El Lince» ha decidido que si no puede mandar en el Ayuntamiento, mandará en el Reino de los Cielos (o al menos en la parroquia de San Gregorio).
Parece que estamos ante el clásico caso de la persona que, tras perder su esfera de influencia en la política local (el Ayuntamiento), busca un nuevo «feudo» donde ejercer el poder que ya no tiene oficialmente. Al ser deportado por el Alcalde, ha buscado refugio en la Iglesia, aprovechando quizás la buena fe o la falta de mano dura de la parroquia para hacerse fuerte allí.
La primera medida de su nuevo «mandato» eclesiástico no ha sido el ayuno ni la oración, sino una reforma estética radical. Olviden el lino fino y la sobriedad neoclásica: el altar lució hace unos días en el altar mayor un mantel hecho de flamante patchwork. Este estilo de «retales» simboliza perfectamente la trayectoria de su protagonista: un poquito de aquí, un poquito de allá, y un mucho de querer dar la nota. Pasar de los paños de altar tradicionales —que suelen ser de lino blanco impecable, encajes o bordados clásicos— a uno de patchwork es un salto estético (y litúrgico) de los grandes.
Pero la cosa no queda en la decoración de la parroquia de San Gregorio, “El Lince” ha instaurado un «derecho de admisión» que ya quisiera para sí cualquier local de la zona costera. Vecinos de toda la vida, que llevan años rezándole al Taumaturgo, se encuentran ahora con que para entrar al templo hay que pasar por el filtro del nuevo «sacristán de facto».
Parece que las mañas que tenía en el Ayuntamiento no se pierden, solo se transforman. El Lince ha pasado de ordenar y mandar a concejales y funcionarios a los misales, pero manteniendo su esencia: el ordeno y mando. Mientras el párroco parece estar en «modo avión» o quizás esperando un milagro de San Gregorio para recuperar las llaves de su propia casa, mientras el nuevo gestor parroquial sigue adelante con su plan de interiorismo y derecho de admisión.
Lo que tienes la parroquia de San Gregorio no es un problema de decoración, es un «desembarco» en toda regla, a veces, cuando alguien es expulsado de la administración pública, utiliza estas instituciones para seguir «enredando», manteniendo su red de contactos o simplemente para no perder la sensación de importancia.
En Telde las noticias vuelan, y si el Alcalde ya tomó medidas en su día, es probable que la situación acabe llegando a oídos del Obispado de Canarias. El párroco tiene la responsabilidad legal y canónica del templo, y permitir que alguien ajeno controle la puerta y el altar puede traerle problemas graves con sus superiores.
El Lince», está actuando como si la parroquia fuera su propiedad privada, cuando alguien se toma el «ordeno y mando» en un espacio público y espiritual como la Iglesia de San Gregorio, se genera un conflicto que va más allá de la estética.








Es un sitio sagrado que hace una trapera dentro de una iglesia
Que fuerte lo que está pasando
la iglesia tiene manteles
El protocolo hay que respetarlo
Que fuerte lo que pase esto