Cuestionar la democratización de las redes sociales –con sus luces y sus sombras- puede interpretarse como un intento de desacreditar el debate ciudadano, que hoy en día tiene en las mismas uno de sus principales espacios de participación
El tiempo de los discursos unidireccionales ha terminado en Valsequillo. Ver a un señor que ha sido 14 años alcalde, ponerse de los nervios porque los vecinos comentan una publicación o critican su gestión en las redes sociales es el síntoma de la preocupante falta de madurez democrática que tiene Paco Atta.
Antes el vecino de Valsequillo se lo pensaba dos veces antes de criticar públicamente al ex alcalde o a su partido por miedo a represalias, a ser señalado o a que su petición en el Ayuntamiento se quedara en el fondo del cajón. El ciudadano tenía el «miedo» eso ha desaparecido en la actualidad.
Cuestionar la democratización de las redes sociales –con sus luces y sus sombras- puede interpretarse como un intento de desacreditar el debate ciudadano, que hoy en día tiene en las mismas uno de sus principales espacios de participación
Sigue equivocándose el ex alcalde con la cantinela de la «defensa del honor y de la verdad frente a los bulos», porque la percepción en la calle es distinta, la de alguien que se ha quedado sin herramientas para gestionar el disenso en una era donde la crítica es instantánea y global. Sentirse cuestionado de «tú a tú» por vecinos sin cargos públicos, de ahí el intento de desacreditar perfiles críticos en lugar de responder a las demandas que estos plantean
La incapacidad de Francisco Atta para asimilar que su voz es ahora una más en el ecosistema digital está generando un distanciamiento emocional con un sector del electorado joven y conectado, que ve en su nerviosismo una desconexión con la realidad social del siglo XXI.
Es irónico que lo que para el ciudadano es libertad de expresión, para el político con la «piel fina» sea una amenaza constante. El bando de los que antes callaban ahora tiene el micro, y el bando de los que antes hablaban ahora tiene que aprender a escuchar (aunque les duela).
“Del mismo modo que en su momento aceptó los reconocimientos y elogios a la gestión pública, también le corresponde ahora asumir con normalidad las críticas que forman parte del debate democrático.
El análisis crítico de la trayectoria política de los cargos públicos debe poder realizarse con total normalidad, sin que ello sea objeto de reproche cuando se desarrolla desde el respeto y dentro de los límites legales. Maribel Castro; directoradecanariasinformativa.com







